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	<title>estrés archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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	<description>Psicólogo en Granada. Gabinete de psicología clínica (especialidad adultos, infantil y adolescentes) Problemas de ansiedad, depresión, informes psicológicos</description>
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		<title>¿Dolores de cabeza? ¡La psicología puede ayudarte!</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2017 08:51:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com/2017/01/20/dolores-cabeza-la-psicologia-puede-ayudarte/">¿Dolores de cabeza? ¡La psicología puede ayudarte!</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com">  Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online </a>.</p>
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<p>El dolor de cabeza es una patología muy frecuente en nuestra sociedad. Existen dos tipos: primario, cuando el dolor no es atribuible a otro proceso de enfermedad; y secundario, cuando el dolor es desencadenado por una enfermedad. Uno de los dolores de cabeza más comunes es la cefalea tensional, la cual, representa aproximadamente el 80% de todos los diagnósticos de dolor de cabeza. Puede llegar a ser muy incapacitante e incluso disminuir la calidad de vida de quien la padece. Parece ya indiscutible la gran relación que existe entre lo que pensamos, hacemos y sentimos y cómo esto repercute en nuestro cuerpo. Dicho esto, veamos qué tiene que decir la psicología al respecto.</p>
<p><strong>Cómo reconocer la cefalea tensional</strong></p>
<p>De acuerdo con <em>La Clasificación Internacional de Trastornos por Dolores de Cabeza</em>, el dolor asociado a la cefalea tensional reúne características como la opresión/tirantez (no pulsátil), tiene una intensidad leve o moderada que puede inhibir, pero no impide realizar otras actividades, la localización es bilateral (en ambos hemisferios) y no se agrava al realizar otras actividades físicas rutinarias como caminar o subir escaleras. Se caracteriza porque no están presentes náuseas y vómitos y la ausencia de sensibilidad a la luz, a los sonidos o sólo una de las dos está presente. No debe ser atribuible a otra alteración, por este motivo es muy importante acudir al médico para descartar otras afecciones.</p>
<p><strong>¿Por qué tengo cefalea tensional? </strong></p>
<p>Las causas y mecanismos no son del todo claros y sigue siendo necesario profundizar más a través de investigaciones y pruebas clínicas. Trabajos científicos recientes apuntan a que la cefalea tensional implica una sensibilización en la conexión nerviosa periférica o el Sistema Nervioso Central (SNC). También se ha observado que ciertos mecanismos que inhiben el dolor están alterados y que se realiza un procesamiento psicológico del dolor más intenso.</p>
<p>Las razones de que surja el dolor pueden ser diversas y deben ser analizadas individualmente. Entre los factores más importantes que desencadenan episodios de dolor, se encuentra el estrés, el sueño y las experiencias previas de dolores de cabeza. De manera que, la interacción de estos tres factores parece tener un papel muy importante para la aparición de nuevos episodios.</p>
<p><strong>Estrés</strong></p>
<p>El estrés tiene un papel fundamental, está ampliamente demostrado que existe una fuerte relación entre el estrés y el dolor clínico en pacientes con cefaleas, de hecho, es uno de los desencadenantes más frecuente de los episodios de dolor en estos pacientes. Se ha observado que cuando personas con cefaleas tensionales realizan tareas mentales estresantes, se produce un incremento del dolor de cabeza.</p>
<p>Condiciones estresantes podrían contribuir a la cefalea tensional incrementando la sensibilidad al dolor y favoreciendo el procesamiento anormal de este a través del Sistema Nervioso Central. Puede precipitar la primera aparición de dicha patología, siendo el desencadenante más común de episodios. Además, favorece el mantenimiento y continuidad de la enfermedad, incluso aumentando la frecuencia e intensidad del dolor.</p>
<p>Los efectos del estrés sobre el dolor de cabeza parecen ser predominantemente más altos en gente joven y de mediana edad frente a los que tienen más de 60 años. Las personas que sufren dolores de cabeza severos evalúan eventos de manera más negativa, tienen menos empleo y menos estrategias efectivas para afrontarlo. Además, perciben que tienen menos apoyo social que los individuos sin dolores de cabeza.</p>
<p><strong>Qué puede ofrecer la psicología al respecto…</strong></p>
<p>No todo el mundo experimenta el estrés de la misma manera, cómo lo percibimos está influido por nuestras experiencias previas, variables cognitivas y la experiencia de la patología por sí misma. Con un adecuado diagnóstico médico, desde la psicología se puede ofrecer una atención personalizada para asistir a este tipo de pacientes.</p>
<p>Junto con una entrevista clínica detallada, existen herramientas específicas de evaluación muy útiles para analizar las consecuencias, deterioro y repercusiones personales que tienen las cefaleas en la vida de todas aquellas personas que la padecen.</p>
<p>Existen diversas propuestas de intervención cuyo objetivo puede variar: Algunas son aplicadas para dolor crónico de manera general, dirigidas al manejo del dolor, a la aceptación de este y a la adquisición de estrategias que permitan mantener un nivel de vida adecuado a pesar de los dolores. También existen intervenciones dirigidas al dolor crónico por dolores de cabeza, cuyo objetivo está centrado en la reducción de episodios de dolor, intensidad y frecuencia de estos. Los últimos desarrollos en este tipo de intervenciones psicológicas son los de tercera generación, basadas en la reducción del estrés en estos pacientes de manera específica mediante estrategias de mindfulness, aceptación y compromiso.</p>
<p>En resumen, el objetivo de este tipo de intervenciones suele estar dirigido al manejo del estrés, ya que este es un elemento fundamental en que se desencadene, se mantenga y se agrave el problema. Estas intervenciones pueden reducir la intensidad y la frecuencia de los dolores asociados al estrés, esto iría redundando en una mejora de la calidad de vida.</p>
<p>Una adecuada intervención dirigida a manejar mejor las situaciones estresantes a través de los diferentes tipos de respuestas (cognitiva, emocional y conductual) va a permitir conseguir los objetivos propuestos con apoyo de un profesional si se considera conveniente. Estrategias como la meditación o de resolución de problemas van a ser especialmente relevantes en la puesta en marcha de un cambio de hábitos más saludables, al fin y al cabo, somos los principales responsables de nuestro cuidado, ¡no dejes que el dolor te supere!</p>
<p>Autor: Óscar Cervilla (Psicólogo)</p>

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		<title>“No tengo ganas”: deseo sexual hipoactivo en ellas ¡y en ellos!</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2016 09:48:48 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La generalidad de expertos coinciden en que la falta de deseo  en las mujeres es el problema relacionado con la sexualidad más frecuente que encontramos en todos los rangos de edades. Existen una gran variedad de factores que ayudan a explicar el desinterés hacia las relaciones en las chicas, pero no hay que olvidar que <strong>el deseo sexual hipoactivo o inhibido también se da en chicos</strong> y sin embargo ¿está igual de normalizado y estudiado?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuándo estamos hablando de un problema? La falta de deseo sexual, en contra de lo que pueda pensarse, no se relaciona con falta de interés hacia la pareja concreta, sino más bien con una disminución generalizada por el interés hacia el sexo.  Se caracteriza por una <strong>ausencia o reducción notable de pensamientos, actitudes, fantasías y actos sexuales, por lo que se interrumpe el funcionamiento personal y emocional  de quien lo padece, siendo esto lo que define el problema como una “disfunción”</strong>. Además, es muy frecuente que la persona lo viva con mucha ansiedad o tema que pueda ocasionar problemas en la pareja, al someterla a un habitual rechazo.<span id="more-2004"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, es de especial relevancia comprender dónde puede estar el origen del problema. Las <strong>causas o factores biológicos</strong> deben ser descartados en primer lugar. Cambios hormonales importantes o el efecto secundario de algunos medicamentos (por ejemplo, antidepresivos o algunos anticonceptivos), pueden explicar momentáneamente una falta de interés sexual, así como la presencia de alguna enfermedad médica crónica sin diagnosticar adecuadamente. Sin embargo, la <strong>mayoría de los casos tienen su explicación en factores de tipo psicológico y social</strong>, y en otros muchos no se encuentra una única causa claramente identificable. Las causas más probables tienen que ver con la falta de deseo sexual tanto en hombres como en mujeres son:</p>
<p>-Altos niveles de estrés y ansiedad u otros problemas emocionales.</p>
<p>-Baja autoestima o insatisfacción con la propia figura corporal.</p>
<p>-Tipo de educación sexual recibida o estereotipos presentes (por ejemplo, creer que la actitud de la mujer en las relaciones sexuales debe ser pasiva o que él siempre tiene que iniciar las relaciones).</p>
<p>-Instalación de la rutina, habituación o falta de novedad y estimulación en las relaciones sexuales con la pareja.</p>
<p>-Poca variedad o el tipo de prácticas sexuales  que la pareja realiza.</p>
<p>-Falta de comunicación o insatisfacción con algún aspecto relacionado con la pareja.</p>
<p>-Otros factores sexuales como por ejemplo, otro tipo de disfunción como la dificultad para llegar al orgasmo o el dolor en las relaciones íntimas.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay que olvidar que el grado de deseo también varía según la persona, no tanto conforme a los géneros. <strong>Está muy extendida la idea de que la mujer en general tiene menor deseo que el hombre</strong>, y han intentando explicarse estas diferencias a través de estudios hormonales o bioquímicos sin éxito alguno. Es probable que el papel sexual del hombre les haya predispuesto a expresar más fácilmente sus deseos en contra de la educación sexual más represiva para la mujer, que ha aprendido en mayor medida a no ser tan activa. Es por ello que el deseo sexual inhibido no debe normalizarse ni en hombres ni en mujeres. Sin embargo, precisamente por esas diferencias de roles, <strong>este problema está más comprendido en mujeres que en hombres</strong>, ya que de alguna manera, se da por hecho que ellas siempre tienen menos ganas, mientras que  a ellos se les exige estar siempre dispuestos porque asumimos que siempre tienen ganas. En este sentido los hombres también sufren las presiones de los estereotipos creados ante los cuales “deben dar la talla” y su sufrimiento por este tema es equiparable al de la mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuándo no es un problema? Puesto que hay importante diferencias individuales, cada pareja es un mundo aparte, y puede darse el caso de que uno de los miembros de la pareja sea más activo que el otro y tenga más interés sexual, sin que eso signifique que la pareja tenga un problema de falta de deseo, sino más bien que hay una diferencia dentro de unos rangos normales. Un deseo hiperactivo o una elevada exigencia sexual de la pareja no implica un problema de bajo deseo en el otro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La respuesta sexual humana se modifica a lo largo de la vida, pasando por diferentes etapas, pero en todas ellas, el deseo debe estar presente</strong>. Dentro de una misma pareja sexual, la cantidad e intensidad de los encuentros sexuales suele disminuir con el paso del tiempo, pero se puede sostener una sexualidad placentera para ambos miembros si la relación de pareja está basada en la calidad de las relaciones, variedad de las prácticas y la asertividad sexual.</p>
<p><strong>¿Qué se puede hacer?</strong> Lo recomendable es acudir a un especialista que haga una profunda y adecuada evaluación de la persona y de la pareja, para poder trabajar sobre unas pautas concretas. Desde nuestro punto de vista, lo más importante a considerar en una intervención serían los siguientes aspectos:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Información sexual adecuada. La cultura sexual ayudará a calmar mucha ansiedad y preocupaciones que se basan en una mala educación o información sexual (mitos, creencias preconcebidas, roles de género…)</li>
<li style="text-align: justify;">Técnicas cognitivo-conductuales que ayuden a reducir el estrés y al ansiedad. A nivel corporal se sabe que la respuesta sexual es incompatible con la respuesta de ansiedad.</li>
<li style="text-align: justify;">Flexibilización de pensamientos negativos, expectativas e ideas irracionales que hagan daño a la persona, afecte a su autoconcepto y, por tanto a su ejecución sexual.</li>
<li style="text-align: justify;">Mejora de la comunicación en pareja: especialmente, con la liberación de la presión de que hay que tener relaciones sexuales “porque toca”, y retomando los momentos de erotismo, intimidad, complicidad que quedan olvidados por la rutina y la habituación.</li>
<li style="text-align: justify;">Entrenamiento en focalización sensorial para fomentar la sensualidad y el descubrimiento de nuevas formas de encontrar el deseo aparte de la excesiva genitalidad.</li>
<li style="text-align: justify;">Sexualizar el cerebro: es necesario entrenar el cerebro como el órgano sexual más importante que tenemos a través de la generación de fantasías, potenciación de la imaginación, autoerotismo, autoestimulación, búsqueda de material erótico…</li>
<li style="text-align: justify;">Interconsulta con especialistas si hay interacción de fármacos.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“No faltan los sinónimos para nombrar el deseo sexual: libido, apetito, ansia, excitación, pulsión…pero su definición continúa siendo confusa” Anne de Kervasdoué</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los estragos psicológicos del estrés</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 09:35:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>M.José Castelar Ríos (psicóloga) ¿Quién no ha dicho alguna vez: «Estoy muy estresad@»? Si nos detenemos a pensar, ¿conocemos a alguien que no se haya quejado alguna vez de lo estresa@ y agobiad@ que está?  Y es que vivimos en el siglo del estrés. Tenemos multitud de actividades que realizar cada día, de hecho, hemos asumido [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<pre>M.José Castelar Ríos (psicóloga)</pre>
<p>¿Quién no ha dicho alguna vez: «Estoy muy estresad@»?</p>
<p style="text-align: justify;">Si nos detenemos a pensar, ¿conocemos a alguien que no se haya quejado alguna vez de lo estresa@ y agobiad@ que está?  Y es que vivimos en el siglo del estrés. Tenemos multitud de actividades que realizar cada día, de hecho, hemos asumido con total naturalidad que es normal sufrir estrés con el ritmo de vida que nos marcamos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/man-742766_960_720.jpg" target="_blank" rel="attachment noopener wp-att-1802"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1802 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/man-742766_960_720-150x150.jpg" alt="man-742766_960_720" width="150" height="150" /></a>Lamentablemente, en los últimos años, el número de personas que sufren estrés se ha incrementado y sus consecuencias se han intensificado debido a la inestabilidad económica y social en la que nos vemos envueltos desde que surgió la  <strong>CRISIS</strong>. Sería prácticamente imposible no sufrirlo cuando te encuentras en una situación de desempleo prolongado, pierdes tu vivienda o las necesidades básicas no pueden ser cubiertas por falta de recursos económicos.<span id="more-1801"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La mayoría de nosotros conocemos el malestar psicológico que conlleva el estar estresado y las consecuencias físicas más inmediatas (contracturas musculares, cefaleas, migrañas o bruxismo). Sin embargo, lo que <strong>multitud de gente no sabe es que el estrés tiene consecuencias mucho más trascendentales  a largo plazo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el estrés  sólo acarrea consecuencias negativas <strong>¿por qué tenemos que padecerlo? ¿no sería más sencillo si simplemente no apareciera? ESO NO ES POSIBLE</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como  otros estados de ánimo,  el estrés también tiene un <strong>papel adaptativo</strong>, contribuyendo a nuestro correcto funcionamiento. Este aparece cuando se dan unas relaciones concretas entre la persona y el afrontamiento de una determinada situación, en donde esta última es valorada por la persona como difícil de abordar por sus propios recursos. Para poder afrontar dicha situación de forma exitosa y disminuir el malestar se ponen en marcha los mecanismos psicológicos y físicos  necesarios, podemos decir que su función es la protección de  nuestra integridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuándo se vuelve un problema?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando la tensión física y el malestar psicológico no desaparecen o  aparecen muy frecuentemente  por lo que necesitamos realizar un sobreesfuerzo de forma continuada, y para ello se tienen que poner en marcha muchos recursos si se quiere seguir funcionando de forma correcta. Aún así el organismo intenta llevar a cabo procesos de regulación, aunque no siempre son lo suficientemente eficaces.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Enfermedades como la fatiga crónica, la fibromialgia, diabetes tipo 2, úlcera péptica, hipertensión, cardiopatías, síndrome metabólico, obesidad, artritis reumatoide, dermatitis o problemas autoinmunes</strong> son solo algunos <strong>ejemplos de cómo el estrés continuado favorece la aparición de problemas físicos.</strong> Esto ocurre porque  el sistema nervioso, inmune y endocrino están estrechamente conectados y cuando nos enfrentamos a una situación adversa, el organismo entero se pone en marcha para que podemos superarla satisfactoriamente.</p>
<p style="text-align: justify;">De esta forma, el cerebro libera sustancias como la dopamina, serotonina, adrenalina y la acetilcolina que se encargan de obtener energía a partir de nuestras reservas  para que los órganos puedan trabajar adecuadamente ante este sobreesfuerzo, y además hace que disminuya el apetito lo que ayuda a que nos centremos única y exclusivamente en resolver el problema. Asimismo, determinadas estructuras cerebrales (como la hipófisis y el hipotálamo) producen hormonas como la antidiurética (que se encarga de regular los niveles de agua, glucosa y sal en sangre) y la hormona liberadora de corticotropina. Esta última actúa en una zona totalmente distinta al cerebro, las glándulas suprarrenales dando lugar a la liberación de corticoides. Los corticoides también intentan obtener energía, pero esta vez a través del metabolismo de proteínas, grasas e hidratos de carbono; y lo que es más importante, actúan sobre el sistema inmunitario.</p>
<p style="text-align: justify;">En el sistema inmunológico, estas sustancias operan de forma similar a como lo haría un virus u otro agente infeccioso cuando entra en el organismo, desencadenan una respuesta inflamatoria y aumentan los niveles de un tipo de glóbulos blancos (los leucocitos). En resumen, <strong>se despliega todo un arsenal de defensas que nos permite estar en óptimas condiciones para enfrentar la situación</strong>. El <strong>problema surge cuando la respuesta de estrés se prolonga en el tiempo</strong> debido a que el organismo tiene que poner en marcha cada vez más recursos para que el nivel de defensas se mantenga, de forma que  llega un momento en que la persona queda inmunodeprimida temporalmente por agotamiento de nuestro sistema inmunológico. Con un sistema inmunológico debilitado que no nos defiende correctamente, cualquier sustancia perjudicial puede crearnos serias dificultades.</p>
<p style="text-align: justify;">Por si todo esto fuera poco, el estrés facilita que se adquieran estilos de vida poco saludables favoreciendo que aparezcan otras conductas problemáticas. Algunas de ellas suelen ser el consumo de alcohol, de drogas,  la ingesta excesiva de comida o patrones de sueño alterados.</p>
<p>Ante estas evidencias es lógico pensar que es relativamente fácil llegar a desarrollar una enfermedad crónica, pero no hay que olvidar que <strong>tenemos la opción de llevar a cabo un estilo de vida que reduzca los niveles de estrés</strong>. Algunas recomendaciones son:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Una alimentación adecuada, que contribuya a la calidad celular y a su correcto funcionamiento. Para ello se aconseja el consumo de frutas, verduras, legumbres y ácidos grasos esenciales.</li>
<li style="text-align: justify;">La práctica de ejercicio físico regular y adecuado a la edad, que fortalece el sistema inmune.</li>
<li style="text-align: justify;">Hacer ejercicios de respiración para que se produzca una correcta oxigenación de los tejidos.</li>
<li style="text-align: justify;">Eliminar hábitos tóxicos como el consumo de tabaco, drogas o alcohol.</li>
<li style="text-align: justify;">Un descanso adecuado y establecimiento de tiempos de ocio que favorezcan la recuperación del organismo.</li>
<li style="text-align: justify;">En el ámbito más psicológico, sería de gran ayuda que cada uno de nosotros desarrollara un buen manejo emocional, estilos de comunicación adecuados, establecimiento de objetivos realistas además de ciertas dosis de optimismo y de flexibilidad.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Por último, es importante tener en cuenta que existen otros muchos elementos que influyen en nuestra respuesta de estrés. Dichas variables son: el contexto familiar, la red de apoyo social, la contaminación ambiental o las condiciones biológicas y hereditarias.</p>
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		<title>El gran reto de la Navidad</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 10:22:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Estefanía Aguilera de la Cruz (psicóloga) “Este año&#8230;la comida en casa” “Tengo miles de regalos que comprar” “Odio las colas del supermercado y gastar tanto” “Espero que mi cena familiar no sea una batalla campal” “Es Navidad, pese a estar de vacaciones no paso tiempo con mi pareja” &#160; La dulce Navidad, época de reuniones con [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<pre>Estefanía Aguilera de la Cruz (psicóloga)

</pre>
<p style="text-align: center;"><em>“Este año&#8230;la comida en casa” </em><em>“Tengo miles de regalos que comprar”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Odio las colas del supermercado y gastar tanto”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Espero que mi cena familiar no sea una batalla campal”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Es Navidad, pese a estar de vacaciones no paso tiempo con mi pareja”</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La dulce Navidad, época de reuniones con familiares o amigos puede tornarse en una amarga realidad que nada tiene que ver con las fantásticas películas navideñas que vemos por televisión.<span id="more-1511"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En estas fechas encontramos los típicos turrones, mantecados, villancicos y luces que nos transmiten el espíritu de compartir, de vivir el futuro con esperanza, de soñar con nuevas metas.  Sin embargo también podemos sufrir las características discusiones o desacuerdos familiares, llegando incluso a parecer que esta fecha más que unirnos con las personas que queremos nos separan y generan malestar. Otro aspecto destacado de esta época del año sería el estrés de estar rodeado de gente en todos los sitios, así como los gastos extra de hacer regalos, adornar la casa y la gran cantidad de eventos sociales a los que “debemos asistir”.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, conviene añadir que es una <strong>época del año en la que hay que tomar decisiones</strong> en cuanto a los encuentros familiares a los que queremos (o nos vemos obligados) a asistir. Estos cambios pueden incluir la convivencia con familiares cercanos durante algunos días, algo que puede generar cambios en nuestra rutina pudiendo favorecer tensiones que marquen las fiestas navideñas.</p>
<p style="text-align: justify;">Los temas que protagonicen dichos <strong>conflictos familiares</strong> podrían ser de naturaleza económica, relacionados con la comunicación disfuncional entre familiares y los asociados a la pareja. Además pueden aparecer problemas emocionales o psicológicos asociados al estrés de preparativos, expectativas no cumplidas respecto a las reuniones familiares e incluso las problemáticas relacionadas con la pérdida reciente de algún familiar o amigo cercano.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos os estaréis preguntando: ¿Qué he de hacer en concreto? A continuación aportamos algunas pautas para llevar la Navidad de forma más liviana y evitar el posible desgaste psicológico habitual para algunas personas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>¿CÓMO ACTUAR EN PAREJA?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es conveniente generar un <strong>presupuesto común</strong>, para no exceder la suma de dinero que cada miembro de la pareja prevé gastar. Esta cuestión pasaría por negociar el desembolso económico previsto para las fiestas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/12/LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1515 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/12/LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web-150x150.jpg" alt="LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web" width="150" height="150" /></a>A la hora de decidir con quién pasar las fechas señaladas deben <strong>evitarse posturas impuestas</strong> y no pactadas entre ambos miembros. Recordemos que la idea es hacer de la Navidad algo agradable y que disfrutar en común (algunas ideas podrían ser el hacer turnos cada año con una parte de la familia, o cada fecha importante en un hogar distinto).</p>
<p style="text-align: justify;">En caso de que las costumbres navideñas puedan ser muy importantes para un miembro de la pareja y no para el otro lo ideal sería encontrar <strong>puntos de acuerdo entre ambos</strong>. En caso de estar en el grupo de los que no disfrutan de la simbología y de las implicaciones de estas fechas convendría considerar que al margen del trasfondo navideño de las semanas venideras podéis plantearlo como un tiempo en el que se os permite más disponibilidad de tiempo para estar juntos y para compartir más momento de ocio.</p>
<p style="text-align: justify;">En la medida de lo posible convendría reservar unos días u horas dentro de este periodo para fomentar <strong>planes en pareja</strong> (a solas), incluso incluyendo planes nuevos compartidos para salir del cansancio que supone el estrés de estos días.</p>
<p style="text-align: justify;">En caso de que la pareja tenga <strong>hijos</strong> se pueden <strong>programar actividades o juegos</strong> para que no se aburran en estas fechas, sobre todo para alejarles de la formalidad que supone en muchas ocasiones las reuniones familiares (algunos ejemplos podrían ser: pintar caretas de Santa Claus/Reyes Magos en Nochebuena/Reyes, hacer una gymkana por casa para los más pequeños en la que se acaben encontrando los regalos…).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿CÓMO LLEVAR MEJOR LAS RELACIONES CON FAMILIARES?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Será fundamental ajustar expectativas, las comidas familiares no tienen porqué ser como en las películas.</p>
<p style="text-align: justify;">Conviene no intentar controlar todos los aspectos que pueden acontecer durante los eventos familiares (ya sean buenos o malos), para ello será preferible centrarse en los aspectos positivos de la reunión para disfrutarlos.</p>
<p style="text-align: justify;">En relación a la sobrecarga de ocupaciones propias de esta época no estaría de más <strong>pedir ayuda para preparativos y organización</strong>. Sería conveniente evitar en la medida de lo posible la sobrecarga de trabajo y el cuidar nuestras exigencias (“Debería hacer la comida solo/a” “Deberíamos preparar la casa para que esté perfecta”).</p>
<p style="text-align: justify;">Las<strong> temáticas de las conversaciones</strong> en la mesa durante los eventos festivos debe ser otra cuestión a considerar. Es preferible elegir temas neutros de conversación (evitando así temas asociados a política, procurando no mencionar discusiones familiares previas…).</p>
<p style="text-align: justify;">Si detestas la Navidad, una vez finalizadas estas fechas, no quedará otra que utilizar el sentido del humor y reconfortarte ya que la Navidad solo pasa una vez al año.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Te sientes con más fuerza para afrontar estas fiestas? Esperamos que estas pautas te sean de ayuda para prevenir el estrés y pasar tiempo de manera  agradable con los tuyos. <strong>¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Celotipia, el mal conocido como locura de amor</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Oct 2015 10:09:55 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>“Si yo me fío de ti, pero no de ellos”, “¿Con quién hablas tanto?, “Es que yo sé cómo son los hombres”, “¿Qué quería esa?”, “No son celos, cuido de lo que es mío”, “Me haces ponerme celosa”, “Lo nuestro también comenzó con una amistad”, “Seguro que van detrás de ti”, “Tengo celos porque te quiero”… [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com/2015/10/23/celotipia-el-mal-conocido-como-locura-de-amor/">Celotipia, el mal conocido como locura de amor</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com">  Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online </a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>“Si yo me fío de ti, pero no de ellos”, “¿Con quién hablas tanto?, “Es que yo sé cómo son los hombres”, “¿Qué quería esa?”, “No son celos, cuido de lo que es mío”, “Me haces ponerme celosa”, “Lo nuestro también comenzó con una amistad”, “Seguro que van detrás de ti”, “Tengo celos porque te quiero”…  </em></p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuántas veces no has escuchado este tipo de frases? Los celos son algo cada vez más común en nuestra cultura, configurándose como una emoción social que se está normalizando, quizá de un modo excesivo.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/10/images-61.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1350 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/10/images-61-300x300.jpg" alt="images (6)" width="264" height="264" /></a>El término “celos” se refiere a la <strong>sospecha o inquietud porque la persona amada haya mude su cariño, poniéndolo en otra persona</strong>. Esa sensación o percepción de ser abandonado, implica una <strong>incertidumbre, desconfianza, ansiedad y altos niveles de estrés</strong>, que impulsan a la persona a controlar o querer mantener desesperadamente la atención del otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Los celos en términos de supervivencia tienen una función en nuestra evolución, concretamente en la niñez, cuando el ser humano depende de otra persona para garantizarle no sólo alimento y protección, sino cariño y atención. El bebé reclamará de su cuidador, con el que genera un vínculo muy fuerte, un amor incondicional que considera exclusivo y será adaptativo que sienta celos ante la aparición de hermanos, otros niños o adultos que le retiren su salvavidas físico y emocional.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los celos en la adultez se asocian a inseguridad e inmadurez</strong>. De hecho, es más común que los celos aparezcan en etapa de la juventud y adolescencia,  ya que es aquí donde el individuo se relaciona de modo más libre con su entorno, conforma su personalidad y desarrolla plenamente su autoconcepto, produciéndose un estado de ansiedad e inseguridad ante el miedo a perder la atención  del ser querido. Esta etapa es transitoria a menos que el individuo no alcance su maduración emocional que le permita <strong>reducir la incertidumbre y tolerar la frustración de no ser el único para otra persona</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Es frecuente que los celos hagan su aparición especialmente en relaciones de pareja inestables, de manera puntual o en situaciones contextualizadas. Todos nosotros hemos sentido celos de nuestros hermanos, compañeros de clase, amigos, alguna pareja o conocemos a alguien que los ha sentido y no por ello estamos ante una persona celosa o enferma de celos. Sin embargo, cuando <strong>no hay control de esta emoción, de los pensamientos (desconectando de la realidad) y las conductas</strong> se vuelven impulsivas e irracionales, podemos hablar de un problema grave, conocido como <strong>celos patológicos, celotipia o trastorno delirante por celos.</strong><span id="more-1344"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La <strong>celotipia</strong> son celos incontrolados hacia la pareja que se basan en ideas no sólo exageradas o distorsionadas, sino también en ideas delirantes. Lo que más llama la atención es que los celos son irracionales y están fuera de contexto, llegando a pensar que su pareja es infiel con personas que no conoce o están fuera de su alcance (artistas, personajes políticos o televisivos), incluso con familiares o allegados que no entrarían en el plano íntimo relacional. Los celos son patológicos cuando se presentan <strong>sin tener una situación real que muestre la posibilidad de abandono, engaño o traición y no se presta a una argumentación o a una lógica</strong>. La consecuencia conductual será actuar impulsiva y obsesivamente, buscar permanentemente indicios de infidelidad, vigilar, perseguir, asociar hechos o situaciones para darle justificación a los celos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Estadísticamente, los datos muestran que es más común encontrar este tipo de conductas en hombres aunque también se da en mujeres y puede llegar a interferir en las relaciones familiares, laborales o de amistad. La persona con celotipia busca demostrar su creencia de la infidelidad en razonamientos erróneos apoyándose en pequeñas pruebas como manchas en las sábanas, olores en la ropa, llamadas telefónicas, gestos y miradas cómplices o el tono de voz que es usado por la pareja. Todo esto tiene como consecuencia todo un <strong>repertorio de conductas de control hacia la pareja de tipo psicológico y/o físico</strong>, llegando a agredir a la pareja. Por esto, es necesario una rápida y adecuada intervención.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo podemos reconocer un problema de celotipia?</strong> Algunas señales son:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Incorporación de un tercero imaginario en la relación de pareja.</li>
<li style="text-align: justify;">El sujeto no tiene conciencia del problema.</li>
<li style="text-align: justify;">La persona está permanentemente vigilante de situaciones cotidianas o revisando objetos personales de su pareja.</li>
<li style="text-align: justify;">Percibe e interpreta hechos cotidianos de manera errónea, buscando siempre justificar una situación de infidelidad o engaño.</li>
<li style="text-align: justify;">Imposibilidad de controlar impulsos, pensamientos, percepciones falsas.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Las <strong>personas que padecen de celotipia sufren mucho y hacen sufrir también a la pareja</strong>. Es frecuente que no puedan mantener relaciones durante mucho tiempo si no es a través del sometimiento y que finalmente acaben siendo abandonados al ser insoportable el control que ejercen en el otro. Cuando son abandonados, utilizan este hecho como argumento para <strong>justificar sus comportamientos y sustentar sus ideas delirantes</strong>. Una persona con este tipo de trastorno puede ser bastante funcional y tiende a no mostrar ningún comportamiento extraño en su vida, pero con el paso del tiempo puede verse abrumada por el efecto de las creencias anormales y los altos niveles de ansiedad.</p>
<p>Entre las<strong> causas que pueden ayudar a explicar el desarrollo de la celotipia</strong>, se encuentran:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">En la niñez, el abandono por parte alguna o varias personas significativas.</li>
<li style="text-align: justify;">Carencias de atención y afecto.</li>
<li style="text-align: justify;">Haber sido discriminado, rechazado, criticado o comparado con frecuencia.</li>
<li style="text-align: justify;">Maltrato físico.</li>
<li style="text-align: justify;">Ruptura familiar traumática por el abandono del padre o de la madre.</li>
<li style="text-align: justify;">Haber sido testigo de la infidelidad del padre o la madre.</li>
<li style="text-align: justify;">Tener un pobre concepto de uno mismo y por tanto no creerse digno de ser amado.</li>
<li style="text-align: justify;">Tener creencias negativas tales como: el amor no existe, la gente trata de aprovecharse de uno, el amor es sexo, amar porque es igual a sufrir, que los hombres son infieles por naturaleza y las mujeres son fáciles&#8230;</li>
<li style="text-align: justify;">Haber tenido experiencias previas de infidelidad en otras relaciones.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Cuando los celos afectan a la pareja o a otros ámbitos, sería recomendable terapia psicológica para que  ayude a la persona a trabajar sobre su <strong>autoestima</strong>, que es la clave que mantiene el problema.</p>
<p><em>Son celos cierto temor</em><br />
<em> tan delgado y tan sutil,</em><br />
<em> que si no fuera tan vil,</em><br />
<em> pudiera llamarse amor</em>.  (Lope de Vega)</p>
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		<title>Ansiedad por la comida: ¡no puedo parar!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 08:44:08 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En los últimos años, la preocupación por el estudio de los problemas de conducta alimentaria, han derivado en la investigación de la ansiedad por la comida o también llamado el trastorno por atracón. La comida está presente en muchos eventos sociales como reuniones familiares, fiestas, celebraciones&#8230; en los que es habitual que todos comamos mucho [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En los últimos años, la preocupación por el estudio de los problemas de conducta alimentaria, han derivado en la investigación de la ansiedad por la comida o también llamado el <strong>trastorno por atracón</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/10/familia.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1318 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/10/familia-300x300.jpg" alt="familia" width="249" height="249" /></a>La comida está presente en muchos eventos sociales como reuniones familiares, fiestas, celebraciones&#8230; en los que es habitual que todos comamos mucho más de lo que estamos habituados, debido al momento y al tipo de alimentos, tan novedosos y apetecibles que nos encontramos en esas ocasiones especiales. Son verdaderos <strong>atracones que están normalizados en nuestra cultura</strong> y que no suponen problema alguno al estar contextualizados y limitados a un entorno agradable, positivo y con un fin social.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, cuando hablamos de un problema de atracones, estamos hablando de episodios frecuentes de<strong> consumo compulsivo de comida</strong>. Esta descripción puede parecerse a la bulimia, sin embargo, después del atracón, la persona no lleva a cabo ningún método para compensar el exceso de alimento, es decir, <strong>no hay conductas compensatorias</strong> (no recurre al vómito, ni laxantes, ni ayunos extremos o ejercicio desmesurado). Como imaginará el lector, una de las consecuencias más evidentes para la persona será el <strong>sobrepeso o la obesidad</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">En muchas ocasiones, los atracones suponen una conducta de <strong>reducción de la </strong><strong>ansiedad, estrés o de síntomas depresivos</strong> a corto plazo al encontrar un momento de calma y bienestar inmediato. De algún modo podemos decir que la persona <strong>ha aprendido a gestionar emociones negativas a través de la comida</strong>, con un efecto parecido al que ocurre con el consumo de drogas ante estados disfóricos. En la mayoría de las ocasiones, el atracón no comienza por hambre sino por tristeza, aburrimiento, culpa, nerviosismo&#8230;<span id="more-1302"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Como ya hemos indicado, en algunas ocasiones, todos comemos más de la cuenta, pero entonces objetivamente,<strong><u> ¿que es un atracón y cuándo se convierte en un problema?.</u> </strong>La presencia de un problema de conducta alimentaria por atracón o ansiedad por la comida se caracteriza por:</p>
<p style="text-align: justify;">-Ingerir alimentos muy rápido y en un corto espacio de tiempo (por ejemplo, 2 horas) en una cantidad muy superior a la que la mayoría de las personas podrían en circunstancias similares. Cuando la persona se da un atracón sigue comiendo a pesar de estar totalmente saciado y muchas veces, a pesar de sentir dolor en el estómago.</p>
<p style="text-align: justify;">-Lo más característico para la persona es la <strong>sensación de pérdida de control</strong> durante el atracón: no es capaz de parar o controlar la cantidad de alimentos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Los atracones son frecuentes, como mínimo se dan una vez a la semana durante un periodo de 3 meses.</p>
<p style="text-align: justify;">-El <strong>tipo de alimentos</strong> que componen el atracón puede ser muy variado y en ocasiones indiscriminado, pero de modo frecuente, son alimentos muy calóricos con alto componentes de grasas, azúcar, hidratos de carbono…que no suelen consumirse de modo habitual.</p>
<p style="text-align: justify;">-Después de atracón, la persona suele sentirse muy <strong>culpable</strong> al haber descontrolado, así como muy <strong>tristes o avergonzados</strong>, lo que contribuye a mantener el problema al perpetuar un círculo vicioso. Además, se encuentran mal físicamente saben que no es bueno para su salud.</p>
<p>-El atracón se produce en solitario por la vergüenza que supone para la persona este acto.</p>
<p>-El <strong>aumento de peso</strong> asociado lleva a una valoración de la imagen corporal negativa y una <strong>baja autoestima</strong> que empeora más aún el estado de ánimo.</p>
<p style="text-align: justify;">-En los casos más graves, la persona puede detener su actividad para darse un atracón, afectando significativamente a su ritmo laboral, personal, disminución del rendimiento…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Algunas señales</strong> que nos pueden hacer sospechar de un problema de atracones o ansiedad por la comida en algún familiar o amigo:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Interés exagerado por recetas de cocina, especialmente de platos contundentes y ricos en grasas, postres o la tendencia a añadir ingredientes en exceso o sin mesura.</li>
<li style="text-align: justify;">Comportamiento alimentario extraño (velocidad ingesta o la elección del tipo de alimentos).</li>
<li style="text-align: justify;">Sentimiento de culpa por haber comido.</li>
<li style="text-align: justify;">Evitar comidas en público.</li>
<li style="text-align: justify;">Rapidez con la que se acaba la comida de la nevera, la despensa…</li>
<li style="text-align: justify;">Gasto económico desproporcionado al comprar comida basura, servicios de comida rápida…</li>
<li style="text-align: justify;">Encontrar comida escondida o  de restos de comida, envoltorios de comida en diferentes lugares de la casa, basura o papeleras.</li>
<li style="text-align: justify;">Aumento de peso cuando no se ve que coma más que otros en público. O fluctuaciones de peso muy rápidas.</li>
<li style="text-align: justify;">Aislamiento progresivo, acompañado de un aumento de la irritabilidad y agresividad.</li>
<li style="text-align: justify;">Aumento de los síntomas depresivos y/o la ansiedad.</li>
<li style="text-align: justify;">Comportamientos manipulativos o mentiras dirigidas a negar o esconder el problema o resistencia para hablar de su físico o su salud.</li>
<li style="text-align: justify;">Puede haber problemas de sueño, fatiga continua y un aumento significativo de la tensión arterial, colesterol o azúcar en sangre.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Respecto a los <strong>antecedentes y factores de riesgo</strong> para la aparición del trastorno por atracón, aún se está investigando en este ámbito, pero se conocen algunas causas que pueden ayudar a explicar este problema:</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; <strong>Rasgos de personalidad</strong>: como una elevada autoexigencia, perfeccionismo obsesivo, necesidad de control, una gran rigidez cognitiva y un <strong>mal control de las emociones</strong> están muy relacionados con los problemas ansiedad relacionada con la comida.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; Las personas que padece el trastorno por atracón muchas veces vienen de familias que por hábito, comen demasiado o ponen excesivo énfasis en la comida, por ejemplo utilizando la <strong>comida como un premio</strong> reconfortante y calmante o como un castigo.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; Críticas o <strong>burlas relacionadas con el peso o el aspecto físico</strong>, especialmente en niños y adolescentes, generan inseguridad con su imagen corporal y pueden presentar mayor tendencia a desarrollar un problema de alimentación y un acusado descenso de autoestima.</p>
<p>&#8211; Es frecuente que en algún momento la persona haya utilizado <strong>dietas muy restrictivas</strong> para perder peso, especialmente en la adolescencia o inicio de la adultez.</p>
<p style="text-align: justify;">-Tener una <strong>baja autoestima</strong> incrementa la probabilidad de que aparezca un trastorno de la alimentación. Así mismo es mucho más probable que aparezca en mujeres que en hombres.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>Modelo de belleza imperante</strong> basado en una delgadez excesiva y la presión por adoptar dicho modelo como necesidad para el éxito personal o laboral, genera fácilmente muchos problemas con la autoimagen y con la comida. Este aspecto afecta especialmente al <strong>sexo femenino.</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">¿Cómo se puede ayudar a una persona con ansiedad por la comida?</span></p>
<p style="text-align: justify;">El trastorno por atracón es un problema serio que se puede solucionar siguiendo el tratamiento adecuado en el que el objetivo final <strong>aprender a comer de manera sana y normalizada así como tomar el control sobre sus hábitos, salud física y emocional</strong> para que no tenga que recurrir a la comida para sentirse mejor. El tratamiento puede ser difícil porque la mayoría intentan esconder su problema y es posible que ni siquiera la familia sepa que existe esta problemática.</p>
<p style="text-align: justify;">En la mayoría de los casos el tratamiento incluye una combinación de las siguientes estrategias:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Psicoterapia</strong>: dirigida a cambiar la forma de pensar (la terapia cognitiva) y el comportamiento de la persona (terapia conductual) a la hora de afrontar sus emociones negativas a través de la comida. El tratamiento incluye técnicas prácticas para crear disposiciones sanas hacia la comida, el peso, la autoimagen, los hábitos y también formas para cambiar la manera en la cual una persona responde a situaciones diferentes.</li>
</ul>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Nutricional</strong>: el objetivo es relacionarse mejor con la comida y el peso, para ayudar a restaurar las formas normales de comer y enseñar la importancia de la nutrición y una dieta ordenada y equilibrada en la que caben todo tipo de alimentos, pero con control.</li>
</ul>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Terapia en grupo y/o de la familia</strong>: los pacientes con trastornos alimenticios pueden verse muy beneficiados de la terapia en grupo, donde les pueden apoyar otras personas con problemas y experiencias similares y pueden hablar de sus sentimientos y sus preocupaciones sin vergüenza y sin sentirse juzgados.</li>
</ul>
<ul>
<li style="text-align: justify;">En ocasiones, puede ser necesaria <strong>intervención farmacológica</strong>, puesto que se ha visto que algunos antidepresivos pueden ayudar en el control de los atracones.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La huella del trauma: un análisis del estrés postraumático (TEPT)</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2015 09:19:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El trastorno por estrés postraumático (TEPT) está englobado dentro de los trastornos de la ansiedad y se caracteriza por un conjunto de síntomas concretos que padecen personas que han sido víctimas, protagonistas u observadores de un acontecimiento extremadamente grave, que pone en riesgo su integridad física o la de otra persona. Estaríamos hablando, por ejemplo, [&#8230;]</p>
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<p style="text-align: justify;">La mayor incidencia del TEPT está descrita en veteranos y <strong>supervivientes de guerra</strong>, de donde partió inicialmente el interés por el estudio de este problema emocional, así como en <strong>víctimas de secuestro y explotación o abuso sexual</strong>. También sabemos que son más propensas a padecer TEPT aquellas personas que por su trabajo, están más expuestas a detalles o imágenes resultantes de estos hechos (<strong>profesionales de la seguridad o la salud</strong> que recogen restos, rescatan víctimas o acceden a detalles de maltrato y abuso infantil).</p>
<p style="text-align: justify;">Desgraciadamente, cada día recibimos información sobre acontecimientos sobrecogedores. Sin ir más lejos, estas semanas estamos siendo conscientes a través de los medios de comunicación, de la tragedia de las miles de personas que se ven obligadas a abandonar su país por causa de la guerra o hambruna y las situaciones dramáticas a las que tienen que enfrentarse para salvar su vida y las de sus familias, a veces sin éxito. Así mismo, podemos encontrar casos de conocidos y más cercanos a nosotros que nos recuerdan la realidad de los atentados terroristas, accidentes de tráfico, atracos con violencia, muerte trágica o repentina de un familiar…<span id="more-1162"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Pero ¿qué ocurre a nivel psíquico con las personas supervivientes a estos eventos? Como imaginará el lector, la presencia de <strong>ansiedad y depresión</strong> será la sintomatología habitual, que puede hacerse más compleja si el trauma no queda resuelto. El TEPT no tiene porqué desarrollarse necesariamente en todas las personas que hayan estado expuestas a un acontecimiento traumático, sino que depende de la presencia de otros factores predisponentes que pueden hacer a una persona más vulnerable que otra y de la naturaleza del hecho traumático:</p>
<p style="text-align: justify;">-La duración del evento y frecuencia de exposición al mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">-La gravedad del hecho y de sus consecuencias.</p>
<p style="text-align: justify;">-Personalidad tendente a la ansiedad y a la sensibilidad, previa a la tragedia.</p>
<p style="text-align: justify;">-Extensión del evento a otras personas de la vida íntima del afectado (pareja, hijos, familiares, amigos…).</p>
<p style="text-align: justify;">-Grado de responsabilidad humana, es decir, el TEPT es más frecuente que se instaure ante eventos provocados por el hombre (atentados, asesinatos, abusos…) que ante catástrofes naturales (terremotos, accidentes fortuitos, tsunamis…)</p>
<p style="text-align: justify;">La consecuencia más inmediata después de pasar por un hecho de estas características es que el sistema “bloquea” emocionalmente a la persona con el objetivo de defenderse de la realidad que ha acontecido, pudiendo prolongarse un estado de shock durante días o semanas después del suceso traumático. Este estado, inicialmente es necesario para que la persona pueda asimilar lo que ha ocurrido. Posteriormente, si el trauma se integra correctamente, el estado de shock disminuirá y comenzará el afrontamiento o, puede permanecer el bloqueo a través de otro tipo de síntomas, característicos del TEPT, como son:</p>
<p style="text-align: justify;">-Aparición de recuerdos involuntarios e intrusivos del suceso traumático con contenido muy desagradable. Pueden presentarse imágenes en forma de “flash” o cómo si fuera una película incompleta en la que las escenas se cortan repentinamente.</p>
<p style="text-align: justify;">-Presencia de pesadillas en las que la emocionalidad es muy intensa y el contenido está relacionado con el evento.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pueden aparecer síntomas disociativos, en los que el sujeto siente o actúa como si se repitieran el hecho traumático.</p>
<p style="text-align: justify;">-Es muy frecuente el malestar psicológico intenso y prolongado, normalmente a través de reacciones de ansiedad y depresión, al exponerse a factores internos (recuerdos, secuelas físicas) o externos (lugares, escenas, personas…) asociados de alguna manera al suceso traumático, generando una gran sensibilidad en la persona afectada.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; Reacciones fisiológicas intensas (crisis de ansiedad o angustia) con síntomas de ahogo, palpitaciones, sensación inminente de muerte, mareos, temblores… ante factores que se parecen a algún aspecto del suceso traumático o que suponen un recuerdo para la persona.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra característica que encontramos en las personas traumatizadas es que evitan de modo persistente, cualquier estímulo asociado al trauma. De este modo, esforzarán por evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca del hecho acontecido, así como claves de tipo externo como personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones… que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos como una forma de protegerse, aunque la situación de peligro ya no exista o no sea inminente. Este factor de evitación es el que en mayor medida sostiene el problema psicológico y toda la sintomatología ansiosa, ya que para superar el trauma y reducir todo el repertorio de síntomas que estamos describiendo, será necesario afrontar y exponerse a los recuerdos, pensamientos, lugares… en un contexto de seguridad, hasta que se reduzca la emocionalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, se observan alteraciones cognitivas y del estado de ánimo, que comienzan o empeoran después de los sucesos traumáticos, por ejemplo:</p>
<p style="text-align: justify;">-Dificultad para recordar un aspecto importante del suceso traumático como una forma de amnesia, no explicada por otras causas. La persona tiene lagunas de memoria que le impiden tener completa la escena o escenas traumáticas.</p>
<p style="text-align: justify;">-Creencias o expectativas muy negativas persistentes, catastróficas y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo que explican la alteración en el estado de ánimo: “No puedo confiar en nadie”, “El mundo es muy peligroso”, “Nunca volveré a ser el mismo”.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; Es muy habitual encontrar una percepción distorsionada de la causa, la responsabilidad o las consecuencias del trauma, provocando que la persona se culpe si se atribuye a sí misma la responsabilidad del hecho o acuse los demás de la ocurrencia a través de sentimientos de ira.</p>
<p style="text-align: justify;">-También se da una disminución importante del interés o la participación en actividades sociales, observándose una tendencia al aislamiento ocasionado por un sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; La incapacidad de experimentar emociones positivas como alegría, felicidad, satisfacción o sentimientos amorosos, como consecuencia de un embotamiento emocional, es también una tónica habitual en los traumatizados.</p>
<p style="text-align: justify;">Es frecuente observar una alteración importante de la alerta y reactividad en las personas que han pasado por un trauma. Por ejemplo, es común encontrarse con un comportamiento irritable y ataques de ira  sin razón aparente que se traducen en agresión verbal o física contra personas u objetos o un comportamiento imprudente o autodestructivo, como si les diera igual vivir o morir.</p>
<p style="text-align: justify;">La hipervigilancia como estado de alerta continuo, es también habitual así como una respuesta de sobresalto exagerada, como si la persona se asustara muy fácilmente ante estímulos de intensidad media o normal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Hay tratamiento psicológico que pueda ayudar a estar personas?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente si, los tratamientos orientados a la <strong>exposición en imaginación o en vivo</strong> han demostrado ser eficaces así como el trabajo desde la <strong>terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma</strong>.  Así mismo, las técnicas de <strong>desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR) y la exposición narrativa</strong>, son utilizadas habitualmente para la elaboración del trauma en campos de refugiados y víctimas de guerra.</p>
<p style="text-align: justify;">En todos los tipos de abordaje, el objetivo es reducir la evitación del recuerdo del suceso hasta que se logre una completa integración del hecho pasado, afrontando conductualmente y de modo gradual aquellas situaciones que recuerden aspectos del evento traumático para que se reduzca la sintomatología y reactividad ansiosa por habituación.</p>
<p style="text-align: justify;">En el trabajo psicológico con estas personas será muy importante el apoyo constante y una profunda escucha empática, así como la dedicación del tiempo necesario hasta la resolución del malestar. El desarrollo de las terapias, por la complejidad que presentan este tipo de casos, suelen prolongarse durante varios meses, e incluso años.</p>
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		<title>Estrés, ansiedad y miedo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2015 12:40:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[estrés]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> Si no tuvieras miedo ¿Qué harías? Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, aunque cambiando sus características y procedimientos, venimos experimentando la presencia del desagradable fenómeno del “terrorismo”. Y es que lejos de connotaciones políticas en las que no es nuestro objetivo entrar, este uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, también [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/01/MIEDO-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-305" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/01/MIEDO-3-300x300.jpg" alt="MIEDO-3" width="300" height="300" /></a></p>
<blockquote><p><em><strong> Si no tuvieras miedo ¿Qué harías?</strong></em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, aunque cambiando sus características y procedimientos, venimos experimentando la presencia del desagradable fenómeno del “terrorismo”. Y es que lejos de connotaciones políticas en las que no es nuestro objetivo entrar, este uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, también tiene unas repercusiones sobre nuestros propios estados emocionales. No es de extrañar, que en algunas situaciones nos hayamos descubierto mirando debajo de nuestro coche, desconfiando de una mochila tirada en una acera, o mirando de reojo y con cierto recelo a alguien que viaja a nuestro lado en el avión. Este tipo de conductas suspicaces, se arraigan bajo el estado del miedo, es por ello que hablamos del terror como  la máxima expresión del miedo.</p>
<p><span id="more-596"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Tiene su explicación. La palabra terror proviene del latín “terroris” sinónimo de “<em>Deimos</em>”, y es que casualmente en la antigua Grecia, Ares, el Dios de la Guerra, tenía dos hijos: Phobos y Deimos (Miedo y Terror). Curioso cuanto menos.</p>
<p style="text-align: justify;">Aclarada esta relación directa entre miedo y terror, ¿sabríamos ir más allá? ¿diferenciar entre el miedo, el estrés o la ansiedad? ¿O estamos hablando de lo mismo?</p>
<p style="text-align: justify;">Queríamos aprovechar esta actual coyuntura, para aclarar la diferencia entre estos tres conceptos que de forma generalizada se han venido utilizando de forma afín.</p>
<p><strong>ESTRÉS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hablamos de estrés como una respuesta adaptativa y fundamental del organismo para la supervivencia. Se trata de una respuesta que se produce ante las demandas del medio, la persona calibra sus recursos para enfrentarse a ellas y es por ello que se activa. Se trata de una relación entre la persona y su entorno, de modo que cualquier cambio o adaptación puede producirnos estrés: ser padres, adaptarnos a un nuevo trabajo, irnos a vivir con nuestra pareja o experimentar un divorcio.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos síntomas propios del estrés pueden ser el aumento de la frecuencia cardiaca, respiración acelerada, sudoración, boca seca, temblores…</p>
<p style="text-align: justify;">Desde un enfoque biopsicosocial se postula que la ausencia de recursos para enfrentarnos a las demandas que el medio nos va poniendo, puede dar lugar a enfermedades cardiovasculares, hipertensión, jaquecas… No es de extrañar que tras periodos de intenso estrés “<em>nos pongamos malos</em>”, no es más que un intento por recuperar la homeostasis o el equilibrio perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Esto implica que el estrés es malo? No tiene por qué. El estrés en su justa medida nos activa y nos puede permitir mejorar nuestra ejecución y concentración. Si este es excesivo nos vamos a….</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>ANSIEDAD</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Al igual que el estrés, forma parte de la existencia humana. Todos experimentamos cierto grado de la misma. Es una emoción complicada y desagradable que se manifiesta a través de síntomas físicos y mentales, en forma de crisis o de estados persistentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Psicofisiológicamente se trata de una activación del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) que regula importantes funciones vitales. Aparece inquietud, fatiga, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad… Esta función de activación nos prepara para actuar, es adaptativa y nos ayuda a sobrevivir, el problema viene cuando la respuesta de ansiedad aparece sin estar aparentemente relacionada con un peligro externo o una situación difícil.</p>
<p style="text-align: justify;">Es por ello que hablamos de la ansiedad como una emoción perturbadora basada en la anticipación de peligros futuros que no se pueden definir o predecir. Se trata de una respuesta ante una situación que no está sucediendo ahora mismo, y la clave está en la interpretación de las horribles consecuencias de esa supuesta situación.</p>
<p style="text-align: justify;">Y esta última definición es la que nos lleva a diferenciarla del…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MIEDO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y es que el miedo al igual que la ansiedad es una emoción perturbadora, sin embargo, este se manifiesta ante la presencia de estímulos considerados peligrosos (no ante la anticipación de la futura presencia de los mismos como pasaría en la ansiedad).</p>
<p style="text-align: justify;">Si estamos en el campo y vemos una mata moverse, automáticamente sentimos miedo, nos activamos porque pensamos que puede ser algún animal ante el cual quedaríamos en seria desventaja. Producto de ese miedo, decidimos huir.</p>
<p style="text-align: justify;">El miedo tiene como objetivo alertarte, así como alentarte a tomar medidas ante la situación considerada como peligrosa, por ejemplo acercarte, huir o pedir ayuda.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En definitiva, aunque muy parecidos, se trata de fenómenos diferentes ante los que habremos de comportarnos de forma distinta.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Esperamos haber aclarado algunas dudas. Os animamos a emitir vuestros comentarios</p>
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