El dolor de cabeza es una patología muy frecuente en nuestra sociedad. Existen dos tipos: primario, cuando el dolor no es atribuible a otro proceso de enfermedad; y secundario, cuando el dolor es desencadenado por una enfermedad. Uno de los dolores de cabeza más comunes es la cefalea tensional, la cual, representa aproximadamente el 80% de todos los diagnósticos de dolor de cabeza. Puede llegar a ser muy incapacitante e incluso disminuir la calidad de vida de quien la padece. Parece ya indiscutible la gran relación que existe entre lo que pensamos, hacemos y sentimos y cómo esto repercute en nuestro cuerpo. Dicho esto, veamos qué tiene que decir la psicología al respecto.

Cómo reconocer la cefalea tensional

De acuerdo con La Clasificación Internacional de Trastornos por Dolores de Cabeza, el dolor asociado a la cefalea tensional reúne características como la opresión/tirantez (no pulsátil), tiene una intensidad leve o moderada que puede inhibir, pero no impide realizar otras actividades, la localización es bilateral (en ambos hemisferios) y no se agrava al realizar otras actividades físicas rutinarias como caminar o subir escaleras. Se caracteriza porque no están presentes náuseas y vómitos y la ausencia de sensibilidad a la luz, a los sonidos o sólo una de las dos está presente. No debe ser atribuible a otra alteración, por este motivo es muy importante acudir al médico para descartar otras afecciones.

¿Por qué tengo cefalea tensional?

Las causas y mecanismos no son del todo claros y sigue siendo necesario profundizar más a través de investigaciones y pruebas clínicas. Trabajos científicos recientes apuntan a que la cefalea tensional implica una sensibilización en la conexión nerviosa periférica o el Sistema Nervioso Central (SNC). También se ha observado que ciertos mecanismos que inhiben el dolor están alterados y que se realiza un procesamiento psicológico del dolor más intenso.

Las razones de que surja el dolor pueden ser diversas y deben ser analizadas individualmente. Entre los factores más importantes que desencadenan episodios de dolor, se encuentra el estrés, el sueño y las experiencias previas de dolores de cabeza. De manera que, la interacción de estos tres factores parece tener un papel muy importante para la aparición de nuevos episodios.

Estrés

El estrés tiene un papel fundamental, está ampliamente demostrado que existe una fuerte relación entre el estrés y el dolor clínico en pacientes con cefaleas, de hecho, es uno de los desencadenantes más frecuente de los episodios de dolor en estos pacientes. Se ha observado que cuando personas con cefaleas tensionales realizan tareas mentales estresantes, se produce un incremento del dolor de cabeza.

Condiciones estresantes podrían contribuir a la cefalea tensional incrementando la sensibilidad al dolor y favoreciendo el procesamiento anormal de este a través del Sistema Nervioso Central. Puede precipitar la primera aparición de dicha patología, siendo el desencadenante más común de episodios. Además, favorece el mantenimiento y continuidad de la enfermedad, incluso aumentando la frecuencia e intensidad del dolor.

Los efectos del estrés sobre el dolor de cabeza parecen ser predominantemente más altos en gente joven y de mediana edad frente a los que tienen más de 60 años. Las personas que sufren dolores de cabeza severos evalúan eventos de manera más negativa, tienen menos empleo y menos estrategias efectivas para afrontarlo. Además, perciben que tienen menos apoyo social que los individuos sin dolores de cabeza.

Qué puede ofrecer la psicología al respecto…

No todo el mundo experimenta el estrés de la misma manera, cómo lo percibimos está influido por nuestras experiencias previas, variables cognitivas y la experiencia de la patología por sí misma. Con un adecuado diagnóstico médico, desde la psicología se puede ofrecer una atención personalizada para asistir a este tipo de pacientes.

Junto con una entrevista clínica detallada, existen herramientas específicas de evaluación muy útiles para analizar las consecuencias, deterioro y repercusiones personales que tienen las cefaleas en la vida de todas aquellas personas que la padecen.

Existen diversas propuestas de intervención cuyo objetivo puede variar: Algunas son aplicadas para dolor crónico de manera general, dirigidas al manejo del dolor, a la aceptación de este y a la adquisición de estrategias que permitan mantener un nivel de vida adecuado a pesar de los dolores. También existen intervenciones dirigidas al dolor crónico por dolores de cabeza, cuyo objetivo está centrado en la reducción de episodios de dolor, intensidad y frecuencia de estos. Los últimos desarrollos en este tipo de intervenciones psicológicas son los de tercera generación, basadas en la reducción del estrés en estos pacientes de manera específica mediante estrategias de mindfulness, aceptación y compromiso.

En resumen, el objetivo de este tipo de intervenciones suele estar dirigido al manejo del estrés, ya que este es un elemento fundamental en que se desencadene, se mantenga y se agrave el problema. Estas intervenciones pueden reducir la intensidad y la frecuencia de los dolores asociados al estrés, esto iría redundando en una mejora de la calidad de vida.

Una adecuada intervención dirigida a manejar mejor las situaciones estresantes a través de los diferentes tipos de respuestas (cognitiva, emocional y conductual) va a permitir conseguir los objetivos propuestos con apoyo de un profesional si se considera conveniente. Estrategias como la meditación o de resolución de problemas van a ser especialmente relevantes en la puesta en marcha de un cambio de hábitos más saludables, al fin y al cabo, somos los principales responsables de nuestro cuidado, ¡no dejes que el dolor te supere!

Autor: Óscar Cervilla (Psicólogo)

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