MIEDO-3

 Si no tuvieras miedo ¿Qué harías?

Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, aunque cambiando sus características y procedimientos, venimos experimentando la presencia del desagradable fenómeno del “terrorismo”. Y es que lejos de connotaciones políticas en las que no es nuestro objetivo entrar, este uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, también tiene unas repercusiones sobre nuestros propios estados emocionales. No es de extrañar, que en algunas situaciones nos hayamos descubierto mirando debajo de nuestro coche, desconfiando de una mochila tirada en una acera, o mirando de reojo y con cierto recelo a alguien que viaja a nuestro lado en el avión. Este tipo de conductas suspicaces, se arraigan bajo el estado del miedo, es por ello que hablamos del terror como  la máxima expresión del miedo.

Tiene su explicación. La palabra terror proviene del latín “terroris” sinónimo de “Deimos”, y es que casualmente en la antigua Grecia, Ares, el Dios de la Guerra, tenía dos hijos: Phobos y Deimos (Miedo y Terror). Curioso cuanto menos.

Aclarada esta relación directa entre miedo y terror, ¿sabríamos ir más allá? ¿diferenciar entre el miedo, el estrés o la ansiedad? ¿O estamos hablando de lo mismo?

Queríamos aprovechar esta actual coyuntura, para aclarar la diferencia entre estos tres conceptos que de forma generalizada se han venido utilizando de forma afín.

ESTRÉS

Hablamos de estrés como una respuesta adaptativa y fundamental del organismo para la supervivencia. Se trata de una respuesta que se produce ante las demandas del medio, la persona calibra sus recursos para enfrentarse a ellas y es por ello que se activa. Se trata de una relación entre la persona y su entorno, de modo que cualquier cambio o adaptación puede producirnos estrés: ser padres, adaptarnos a un nuevo trabajo, irnos a vivir con nuestra pareja o experimentar un divorcio.

Algunos síntomas propios del estrés pueden ser el aumento de la frecuencia cardiaca, respiración acelerada, sudoración, boca seca, temblores…

Desde un enfoque biopsicosocial se postula que la ausencia de recursos para enfrentarnos a las demandas que el medio nos va poniendo, puede dar lugar a enfermedades cardiovasculares, hipertensión, jaquecas… No es de extrañar que tras periodos de intenso estrés “nos pongamos malos”, no es más que un intento por recuperar la homeostasis o el equilibrio perdido.

¿Esto implica que el estrés es malo? No tiene por qué. El estrés en su justa medida nos activa y nos puede permitir mejorar nuestra ejecución y concentración. Si este es excesivo nos vamos a….

ANSIEDAD

Al igual que el estrés, forma parte de la existencia humana. Todos experimentamos cierto grado de la misma. Es una emoción complicada y desagradable que se manifiesta a través de síntomas físicos y mentales, en forma de crisis o de estados persistentes.

Psicofisiológicamente se trata de una activación del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) que regula importantes funciones vitales. Aparece inquietud, fatiga, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad… Esta función de activación nos prepara para actuar, es adaptativa y nos ayuda a sobrevivir, el problema viene cuando la respuesta de ansiedad aparece sin estar aparentemente relacionada con un peligro externo o una situación difícil.

Es por ello que hablamos de la ansiedad como una emoción perturbadora basada en la anticipación de peligros futuros que no se pueden definir o predecir. Se trata de una respuesta ante una situación que no está sucediendo ahora mismo, y la clave está en la interpretación de las horribles consecuencias de esa supuesta situación.

Y esta última definición es la que nos lleva a diferenciarla del…

MIEDO

Y es que el miedo al igual que la ansiedad es una emoción perturbadora, sin embargo, este se manifiesta ante la presencia de estímulos considerados peligrosos (no ante la anticipación de la futura presencia de los mismos como pasaría en la ansiedad).

Si estamos en el campo y vemos una mata moverse, automáticamente sentimos miedo, nos activamos porque pensamos que puede ser algún animal ante el cual quedaríamos en seria desventaja. Producto de ese miedo, decidimos huir.

El miedo tiene como objetivo alertarte, así como alentarte a tomar medidas ante la situación considerada como peligrosa, por ejemplo acercarte, huir o pedir ayuda.

En definitiva, aunque muy parecidos, se trata de fenómenos diferentes ante los que habremos de comportarnos de forma distinta.

Esperamos haber aclarado algunas dudas. Os animamos a emitir vuestros comentarios

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