Cuando hablamos de psicología, solemos pensar en trastornos psicológicos como la depresión, ansiedad, fobias, etc. Pensamos que la psicología se centra exclusivamente en disminuir y/o eliminar síntomas negativos de diferentes trastornos psicológicos. Sin embargo, desde hace unos cuantos años, se han abierto nuevas líneas de investigación centradas en la Psicología Positiva. Este enfoque se centra en identificar y potenciar las virtudes y fortalezas personales, en vez de centrarse únicamente en el síntoma del trastorno. Los planteamientos desde la psicología positiva no niegan la existencia de las emociones negativas, sino que pretenden equilibrar estas experiencias negativas con las emociones positivas, con el fin de desarrollar el potencial humano integrando tanto las fortalezas personales como las debilidades del ser humano.

Una de estas fortalezas personales es la gratitud y es una de las que más se relaciona con la felicidad. En general, la gratitud podría definirse como un sentimiento de agradecimiento y valoración hacia una persona que nos ha ayudado de forma desinteresada. La mayoría de las personas nos hemos sentido felices cuando algún familiar o amigo nos ha prestado su ayuda o nos ha regalado alguna cosa de forma inesperada y sin esperar nada a cambio. Este hecho provoca que en un futuro le devolvamos esa ayuda, ya que nos sentiremos agradecidos y nos gusta comportarnos de igual manera a como se han comportado con nosotros.

Sin embargo, la gratitud no solo la sentimos cuando nos sentimos agradecidos hacia las personas, también podemos sentirla cuando apreciamos las cosas buenas que nos brinda la vida. Cuando valoramos los aspectos positivos de nuestra vida (p.ej.: tener trabajo, amigos, salud, amor, etc.), nos sentimos agradecidos por todos los bienes que hemos recibido. Además, la gratitud también podemos sentirla cuando apreciamos la belleza que hay en las cosas más insignificantes como: observar una obra de arte, sentir el olor a tierra mojada cuando llueve, apreciar un paisaje en lo alto de la montaña, etc.

Pero, ¿todos experimentamos estos sentimientos de gratitud? La respuesta es no. Seguro que  has coincidido alguna vez con una persona a la que le has ofrecido tu ayuda de manera desinteresada y no has obtenido ni un simple “Gracias”. Esto se debe a que estas personas no sienten gratitud, porque puede que piensen que merecen toda la ayuda y dan por sentado que los demás deben de hacer cosas por ellos. Estas personas presentan un elevado narcisismo, lo que provoca que sus relaciones con los demás estén basadas en el egoísmo y sean bastante deficitarias. La ingratitud es propia de personas que han sido educadas en ambientes donde no se les ha enseñado a valorar lo que los demás hacen por ellos, porque simplemente entienden que se lo merecen por ser quienes son. Por consiguiente, tampoco se paran a apreciar los bienes que han recibido por el simple hecho de vivir, ni aprecian la belleza en los pequeños placeres.

Por tanto, una persona que nunca experimente gratitud, es probable que experimente sentimientos negativos relacionados con la infelicidad. Esto se debe a que la ingratitud puede desencadenar emociones negativas, relacionadas con la envidia y la comparación constante con los demás. El hecho de no sentirse agradecido por lo que se tiene, provoca que la persona se centre constantemente en lo que los demás tienen y anhelen tener sus vidas. Además, la ingratitud puede provocar sentimientos relacionados con la depresión y la pérdida del sentido de la vida.

Contrariamente, diferentes autores que han investigado este constructo, afirman que la gratitud tiene determinadas funciones positivas en la vida de las personas. Una de las funciones que tiene es que promueve relaciones positivas con otras personas, provocando las condiciones necesarias para que se dé el mantenimiento de éstas. Cuanto más agradecidos se muestran con nosotros, más apreciamos esas amistades y más ganas tenemos de devolverles la ayuda que nos han ofrecido desinteresadamente. Otra de las aportaciones positivas de trabajar la gratitud, es que las personas que se sienten agradecidas disfrutan de mayores niveles de felicidad y bienestar psicológico, debido a que habitualmente recuerdan lo positivo de sus vidas y experimentan en menor medida sentimientos y emociones tóxicas. Además, la gratitud también tiene efectos beneficiosos sobre el insomnio, ya que las personas agradecidas tienen menos pensamientos negativos antes de dormir y por tanto, duermen mejor y disfrutan de más horas de sueño.

Llegados a este punto, puede que te surjan dudas sobre si una persona que no suele sentir gratitud puede hacer algo para sentirla de forma más constante y así, poder sentirse mejor consigo misma y valorar todo aquello que le rodea. Aunque no todas las personas experimentamos la gratitud de igual forma (existen personas que son más agradecidas que otras), sí que existen ejercicios y/o técnicas mediante las cuales una persona puede mejorar la experiencia de sentir gratitud. Además, si el hecho de sentirnos agradecidos incrementa nuestra satisfacción con la vida, mantiene nuestras amistades, nos hace felices y nos ayuda a dormir mejor, ¿Por qué no esforzarse en sentir gratitud por todas aquellas cosas positivas que engloban nuestra vida?

Autora: Teresa Navarro Sancho (psicóloga)

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