imagesEl consumo de drogas legales (alcohol y tabaco) como de algunas ilegales (ej., cannabis, cocaína, drogas de síntesis, etc.) se ha extendido en nuestra sociedad de modo amplio en las últimas décadas.

En España asistimos a un cambio,  tanto en las preferencias de productos alcohólicos como en el patrón de consumo de los mismos. Mientras que el consumo clásico de alcohol se centraba fundamentalmente en el vino, en dosis bajas pero diarias y, para las ocasiones especiales, bebidas de mayor graduación; en las últimas décadas se han introducido otros productos alcohólicos, o se han generalizado otros que eran minoritarios (cerveza y  bebidas de alta graduación).

Por otro lado,  asistimos a un nuevo patrón de consumo en jóvenes, radicalmente distinto y, casi idéntico al patrón de consumo anglosajón, esto es, elevado consumo de bebidas de alta graduación, centrado en fines de semana, en muchos casos con el único objetivo de conseguir estados de embriaguez en poco tiempo. Este fenómeno conocido como  “botellón”, se ha ido extendiendo a lo largo de la última década a través de toda la geografía nacional y está acarreando nuevos problemas que nos estamos encontrando en la práctica clínica diaria.

Aproximadamente el 65% de la población española adulta consume con más o menos regularidad bebidas alcohólicas.

La mayoría de ellos no tienen problemas con el alcohol de modo que el objetivo fundamental es delimitar si la persona que acude a tratamiento tiene un consumo de riesgo, perjudicial o presenta un problema de abuso o dependencia del alcohol.

Los problemas de alcoholismo se caracterizan por  un estado de dependencia, tanto  física como psicológica, que sufre  la persona que padece este problema.  Ello determina una serie de conductas dirigidas al consumo compulsivo y continuado de alcohol, a pesar de que la persona conoce  las consecuencias negativas (fisiológicas, psicológicas o sociales) que se derivan de su consumo.

Un rasgo característico de esta problemática es la presencia de pérdida del control para dejar de beber, esto es, la dificultad para controlar la cantidad de alcohol que se toma una vez que se ha comenzado a beber, así como la incapacidad para decidir continuar bebiendo o no en una determinada situación.

¿Cuándo podemos saber que nos encontramos ante un problema de alcoholismo?

El hecho de que el alcohol sea una sustancia legal, entorpece frecuentemente la aceptación de este tipo de problemas, por lo que es muy importante utilizar un criterio que nos permita determinar si estamos ante un problema o solamente se trata de un consumo episódico puntual sin más trascendencia.

Algunos signos que pueden alertarnos son:

  • Amigos o parientes comienzan a expresar cierta preocupación por el consumo. Ello suele ser recibido con enfado por parte de consumidor que no entiende las críticas de que bebe demasiado (al menos no más que la gente de su alrededor).
  • Incidencia negativa sobre el entorno (familia, amigos, trabajo).
  • Fuerte deseo o un sentimiento de compulsión para llevar a cabo el consumo.
  • Capacidad deteriorada para controlar la bebida (especialmente, en términos de controlar su comienzo, mantenimiento o frecuencia). En términos coloquiales, “no sabe cuándo parar de beber”.
  • Malestar y estado de ánimo alterado cuando no puede beber.
  • Persistir con el consumo de alcohol a pesar de la clara evidencia de que le está produciendo graves consecuencias. Ello suele ir acompañado de sentimientos de culpa por beber aún sabiendo que no debería hacerlo

Es frecuente que las personas crean que hacen un uso moderado y controlado del alcohol al compararse con parte de su entorno o simplemente porque no han experimentado las consecuencias que ellos asocian al consumo problemático de alcohol. Destacamos, por tanto, la importancia de que la persona sea consciente de que su patrón de consumo tiene consecuencias negativas sobre la esfera física, psicológica y social.

¿Cómo afectan a las personas los problemas por consumo de alcohol?

Si bien algunas investigaciones sugieren que pequeñas cantidades de alcohol pueden tener efectos cardiovasculares beneficiosos, existe un consenso generalizado de que tomar mucho puede provocar graves problemas de salud.

Algunos de los efectos a corto plazo incluyen pérdida de memoria, resaca y amnesia alcohólica. Entre los efectos a largo plazo asociados con el consumo excesivo de alcohol podemos encontrar: problemas estomacales,  cardíacos, cáncer, daños cerebrales, pérdida de memoria grave y cirrosis hepática. Los grandes bebedores  también aumentan de forma significativa sus posibilidades de morir debido a accidentes automovilísticos y  suicidios.

Los problemas con el alcohol también tienen un impacto muy negativo en la salud mental ya que pueden empeorar condiciones existentes como la depresión o provocar nuevos problemas como la pérdida grave de memoria o ansiedad.

Por otro lado, los problemas con el alcohol no solo afectan al bebedor. El impacto social que esta sustancia tiene en el entorno es muy significativo. De este modo, es más probable que los familiares de bebedores empedernidos experimenten violencia familiar así como que los niños desarrollen problemas psicológicos. Las mujeres que consumen alcohol durante el embarazo corren serios riesgos de causar daño al feto.

¿Cuándo se debe buscar ayuda?

Es frecuente que las personas oculten, nieguen o minimicen  su consumo de bebidas alcohólicas. Sin embargo, es difícil ignorar esta problemática cuando comienza a tener consecuencias, no solo sobre el propio individuo, sino en su entorno más cercano, principalmente a nivel familiar y laboral.

Algunas personas que tienen problemas con el alcohol hacen un gran esfuerzo para resolverlos, y en ocasiones, con el apoyo de familiares y/o amigos, pueden recuperarse por cuenta propia. Sin embargo, aquellas personas con dependencia del alcohol no suelen dejar de beber sólo con fuerza de voluntad; muchas necesitan ayuda externa. En muchos casos pueden requerir una desintoxicación supervisada por un médico para evitar los síntomas potencialmente mortales del síndrome de abstinencia como las convulsiones. Una vez que las personas están estabilizadas, es fundamental abordar los problemas psico-sociales asociados con el consumo de alcohol, tanto por las repercusiones  físicas y psicológicas que provocan en el consumidor como los efectos en el entorno más cercano, principalmente la familia.

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