La palabra selfie define no solamente a los autorretratos, también a aquellos sujetos obsesionados con publicarlos y compartirlos.

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Posiblemente las redes sociales y el uso generalizado de móviles expliquen gran parte del auge de los selfies en nuestros tiempos. Sin embargo, parece que no es un invento de este siglo ya que las “auto-fotos” ya eran un recurso utilizado en los comienzos de la fotografía (siglo XIX). De este modo, parece que el primer selfie de la historia corresponde a un apasionado de la fotografía llamado Robert Cornelius, cuya familia tenía un local de fotografía en Filadelfia, EE.UU., donde tomó el primer auto-retrato, en 1839.En aquella época, el tiempo de captura de las imágenes llevaba algunos minutos lo que te permitía activar el mecanismo y después posar frente a la cámara sin ayuda de nadie.

Sin embargo, el uso “generalizado” del selfie parece ser un síntoma de la cultura en la quevivimos, donde se nos educa para consumir ocio, estética y, por supuesto, espectáculo (no hay nada más que ver el auge de los shows televisivos a través de los cuáles se expone la vida de las personas).

A través del selfie o auto-foto podemos satisfacer nuestra necesidad de controlar la imagen o percepción que el mundo tiene de nosotros. ¿Quién mejor que nosotros mismos para retratarnos de la forma más “favorecedora” (la luz que mejor me sienta, mi mejor ángulo,…)? De este modo, los usuarios tratan de resguardar celosamente su propia imagen, retocándola y perfeccionándola para asegurarse de que serán atractivas y aprobadas por el resto del grupo, lo que conllevaría a un incremento del propio ego y la creencia de que es posible controlar la percepción que los demás tienen de uno mismo.

¿Con qué propósito podemos hacernos un selfie?

Para muchos especialistas, los selfies serían un síntoma de la sociedad narcisista y solitaria a la que asistimos, un signo del exhibicionismo a través de las redes sociales.

Para la Dra. Pamela Rutledge, directora de Media Psychology Research Center, la clave de los selfies sería la comparación social.Los jóvenes, estimulados por el deseo de ver lo que el otro expone, comparte sus experiencias personales”, dice. En este sentido se produce una cierta competitividad que deriva en la auto-exposición.

Los selfies nos permiten hacer una captura rápida de lo que estamos viviendo y las redes sociales compartirlo con una inmediatez “pasmosa”. A través de su publicación pretendemos:

  • Mostrar cómo nos divertimos.
  • Presumir un logro.
  • Mandar un mensaje.
  • Compartir un momento.

Estamos en un momento histórico en el que parece que lo que no queda retratado o no se comparte en los medios no existe o no sucedió. De ahí que surja una necesidad constante de inmortalizar el momento, compartirlo y que nos lo comenten.

Abraham Maslow explica en su teoría de las necesidades que existe una necesidad de ser aceptados por la sociedad ya que tenemos un sentido de pertenencia al grupo.

De este modo, cuando publicamos una fotografía a través de las redes necesitamos ser aceptados por el grupo de amigos, implícitamente el mensaje que se lanza es: “Este soy yo, acéptame y dale a me gusta”. De este modo, cuantos más “me gusta” se obtienen, mayor refuerzo social y, por lo tanto, mayor es la necesidad de volver a obtener dicha aprobación. Igual ocurre cuando no le dan los ”me gusta” esperados ya que puede llevar a la publicación compulsiva de nuevas fotografías con el fin de conseguir el “ranking” de “me gusta” esperados.

Si a ello le añadimos que, en los últimos años, especialmente para los “nativos digitales” (aquellos nacidos a partir de 1980), el concepto de amistad e intimidad ya no implica necesariamente la presencia física, por lo tanto, una forma muy frecuente y natural de relacionarse es a través de las redes sociales. A través de ellas, los usuarios elaboran diariamente una pequeña historia de su vida en busca de “likes” (en el caso del facebook) o “follows” (en tuiter): “Dado que empieza el tema de la aceptación de los demás, el usuario tiende a hacerse adictivo a que le den un me gusta, por eso la necesidad de presumir lo que se está haciendo siempre”. Tal es así que si no se recibe la retroalimentación esperada se puede dañar seriamente la autoestima del implicado quién puede generar pensamientos negativos de sí mismos y devolverse una imagen muy denostada.

¿Qué tipo de fotos podemos hacernos mediante un selfie?

  • Fotos “chorras”. Aquellas que sacan en momentos de aburrimiento con el objeto de entretenerse o experimentar

 

  • Fotos que muestran el estado de ánimo.
  • Fotos que cuentan una historia: de fiestas, viajes, cambios de look,…
  • Fotos para “seducir”. Aquellas en las que se usan posturas o gestos destinados a atraer a aquellos que las vean. Para ello, puede hacerse uso del semi-desnudo. La versión femenina suele ser mostrar el escote haciendo la fotos con el brazo estirado desde arriba y la masculina posar sin camiseta para mostrar los abdominales o marcar músculos,….
  • Fotos “pose estrella”. Aquellas en las que el “pose” adquiere toda la importancia: “guiñando un ojo”, “mirando hacia el vacío”, “poniendo morritos”, “en cuclillas de medio lado”, sacando la lengua,….

Aunque no debemos generalizar, sí que parece que exponer excesivamente la vida personal podría mostrarnos sujetos con baja autoestima, quienes buscan constantemente la aprobación y aceptación de los demás.

Sociólogos y psiquiatras coinciden en que la gente exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada.

Por ello, hay quienes consideran la tendencia selfie como acto de vanidad que indica narcisismo, o bien, falta de autoestima que se traduce en necesidad de autoafirmación y construcción de la identidad.

Es posible que las patologías asociadas a las nuevas tecnologías vayan en aumento en la medida en que tienden a sustraer la identidad genuina del sujeto para exponerla a un falso escaparate de aceptación social, a través de las diferentes redes sociales. De este modo, García-Allen concluye que “el problema principal no son las nuevas tecnologías, sino el uso patológico de las mismas”.

Esperamos que os haya resultado de interés y os invitamos a dejar vuestros comentarios.

Referencia:

Nicholas DiCaprio,”Teorías de la personalidad” psicología de la salud y el desarrollo de Maslow. 2da. Edición. Editorial McGraw-Hill, S.A México D.F. 1996. Pág. 357

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