El fracaso escolar es uno de los problemas  que más afectan a nuestro país, que cuenta elevadas tasas de abandono y un bajo rendimiento académico de los más jóvenes, dejándonos a la cola del resto de países europeos.

images (1)Esta preocupación ha generado importantes críticas al sistema educativo español por la organización de los planes de estudios y los cambios que profesores, educadores, alumnos y padres han tenido que afrontar según la legislación “que toca” aplicar.

Últimamente, la polémica está servida en relación a la cantidad de deberes que se considera óptimo que los alumnos se lleven a casa y la implicación de los padres o cuidadores en la realización de los mismos.

Todos sabemos que la labor educativa no sólo se construye en el aula con el profesor presente, sino también fuera de ella, mediante los deberes y trabajos  para después de clase que permiten consolidar los contenidos adquiridos durante la jornada escolar.

La familia (cuidadores) es un agente de vital importancia en el proceso educativo de los alumnos y en el rendimiento académico de éstos. La implicación parental  debe estar presente en la realización de las tareas para casa. La queja de los padres en este punto se centra en la excesiva cantidad de deberes que los niños llevan para casa.

2013_1_23_PHOTO-bd01f0b7c691b569900778c2a67c162f-1358957085-40Está claro que las tareas para casa son necesarias para la consolidación del aprendizaje, sin embargo,  las exigencias y el nivel de dificultad aumentan conforme el número de materias escolares se incrementa y los niños avanzan de curso. De este modo, encontramos padres que están limitados en tiempo y en capacidad para ayudar a sus hijos a completar las tareas y, por otro lado, niños que después de clase, tienen todas las tardes ocupadas con deberes y tareas en casa sin tiempo para jugar, leer o descansar.

La clave en este caso es encontrar para cada familia, un tiempo de trabajo concreto en el que un cuidador se siente a ayudar al niño a completar sus tareas (no hacérselas), en un ambiente adecuado, incluyendo un descanso y dejando un tiempo libre para finalizar el día.

Los expertos señalan que los niños no deben estar más de dos horas haciendo deberes en casa. En muchos casos, los padres se encuentran que, por las características del niño y del tipo de tareas, esto resulta imposible y que la dedicación es mucho mayor.

En múltiples estudios, se han señalado algunos efectos negativos de la implicación parental excesiva en las tareas para casa, a través de una interferencia en el aprendizaje:

  • Provoca confusión acerca de las técnicas instruccionales (Cooper et al., 2000), es decir, los niños reciben información de un modo en el colegio y de otro modo en casa.
  • Conlleva costes emocionales y tensión (Levin et al., 1997) puesto que el contexto en el hogar es diferente que en el aula y la figura del padre o la madre, no es la del maestro.
  • Incrementa la fatiga, la frustración y la decepción tanto de los niños como de los padres
  • Incrementa la tensión entre padres e hijos, pudiendo empeorar la comunicación entre ellos. Si el cuidador tiene el tiempo limitado para esta actividad, el hecho de sentarse con los niños a hacer la tarea, conlleva en ellos un punto de estrés añadido que puede afectar negativamente al rendimiento.
  • En algunos niños, puede restarles autonomía y capacidad de razonamiento si el adulto proporciona las respuestas a las tareas o acaba realizándolas.

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Si bien podemos encontrar estos efectos adversos de la implicación parental en la realización de los deberes, los efectos positivos son mucho mayores. Efectos derivados de la implicación parental, tomado de Patall et al. (2008):

  • Acelera el aprendizaje.
  • Incrementa el tiempo dedicado al estudio.
  • Hace que el alumno se implique de modo más eficiente, efectivo y centralizado en las tareas para casa.
  • Mejora el rendimiento académico, así como la cumplimentación y el desempeño de las tareas para casa.
  • Promueve el afecto positivo y supone un momento muy bueno para el refuerzo.
  • Mejora el estado de ánimo y la atención.
  • Mejora las actitudes de los niños hacia las tareas y el colegio. Así como puede potenciar la expresión de sentimientos y expectativas de los padres hacia el colegio
  • Facilita la comunicación entre padres e hijos y entre padres y profesores.
  • Potencia el desarrollo de habilidades de estudio y auto-regulación.

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Teniendo en cuenta estos factores de mejora, queda establecida la necesidad de esfuerzo por parte de los padres y madres para la implicación de este aspecto y el reconocimiento de su labor en casa como continuación de las actividades escolares.

 

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