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En estos tiempos que corren, si os preguntásemos qué entendéis por una persona saludable, posiblemente acudirían a nuestra consciencia aspectos como una alimentación sana, practicar ejercicio o evitar hábitos perjudiciales como el consumo de tabaco o la ingesta de alcohol… pero ¿y las relaciones con los otros? ¿Acaso no son un tema de salud también? Pues a priori, parece que no, Sin embargo, son el motor de muchos de estos comportamientos que definimos como saludables o no.

Adentrémonos en qué entendemos como relaciones poco sanas o dañinas.

Más que una relación entre dos personas que podamos considerar poco sana, vayámonos al polo opuesto ¿Qué es para ti una relación sana? Seguro que si nos paramos a reflexionarlo, cada uno tendrá “a sus entendederas” una forma de percibir una relación ideal entre dos personas (pareja, amigos, familiares, compañeros…). Si hacemos un esfuerzo por sacar el sustrato común de estas percepciones, podríamos hablar de enriquecimiento, reciprocidad, presencia de más situaciones de placer que de dolor, momentos de felicidad y eficacia en la resolución de los desencuentros.

Una situación ideal ¿verdad?

Desgraciadamente nos encontramos con muchas relaciones en las que una o ambas personas están sometidas a un continuo desgaste, sufrimiento y desencuentro. Normalmente una de las dos personas asume un papel dominante, sometiendo al otro cual objeto, valiéndose de estrategias como la intimidación o el fomento de la inseguridad como técnica de control, socavando una autoestima cada vez más herida.

Pero, ¿en una relación poco sana siempre hay una situación de dominancia por parte de uno de los dos? No tiene porqué, también podemos encontrarnos con relaciones en las cuales existe un alto nivel de conflicto entre ambas personas, con niveles de hostilidad tales que pueden desgastar a ambas por igual. Lo cierto es que cuando hablamos de toxicidad en las relaciones casi siempre hay uno de los dos que sale más perjudicado.

 

Características generales para saber si tenemos una relación poco sana:

  • Existencia de un rol dominante y otro de víctima
  • Pese a saber que estamos en una situación de desventaja, sufrirla en silencio, quedando atrapados en un bucle del que como no se habla no se le pone solución
  • Tenemos miedo (a la pérdida), nos sentimos culpables (por percibirnos causantes de los conflictos), autoestima mermada
  • La relación nos hace sentir mal, de modo dejamos de hacer las cosas tal y como las hacíamos antes
  • Tenemos la percepción de que ya no controlamos como antaño
  • Sentimos dependencia emocional hacia el otro
  • Más insatisfechos que felices
  • Pasamos por alto incidentes de cierta consideración, aunque nos duelan
  • Nos encontramos tristes

Pero veamos en concreto las diferencias entre el rol de víctima y el rol dominant

Dominante Víctima
Persona con gran inseguridad que intenta contrarrestarla dominando al otro

Manipulación y chantajes

Desgasta, intimida o cosifica al otro

Genera conflictos alrededor

Persona insegura con baja autoestima

Precisa continuas muestras de cariño

Miedo a la soledad y al rechazo

Miedo al cambio

Prioridad del estatus social sobre el bienestar propi

Estas son las características de los actores en cuestión, lo fundamental ahora es observar en qué tipo de escenarios se puede desarrollar estas dinámicas tan poco saludables. Veamos algunos tipos de relaciones tóxicas:

  1. La manipulación emocional

Son aquellas relaciones dominadas por el chantaje y la coacción, de modo que al final terminamos actuando por miedo, por miedo a ser castigados por el otro si no hacemos lo que nos exige. Al final accedemos a comportarnos de otra manera que obviamente no nos hace sentir bien porque no es libre.

  1. Relaciones pasivo-agresivas

Aquellas en las que en vez de afrontar la comunicación de forma directa y respetuosa, se lanzan sutilezas, indirectas, comportamientos para molestar al otro. Cualquier intento de comunicarse es hostil, con la intención de recibir la atención que queremos.

  1. Las relaciones a cargo de uno sólo

Un relación como tal implica la existencia de dos, cuando la pretensión es que uno sólo “tire del carro” el desequilibrio es evidente. Cuando existe cesión de competencias hacia el otro, de nuestra propia vida para que el otro la lleve, el problema es que terminamos dejando de poder opinar sobre la misma. La pérdida de autonomía e independencia terminan afectando sobre nuestro propio autoconcepto

  1. Utilizar el pasado para justificar el presente

Error. Como bien dice el dicho “el pasado, pasado está”. Si continuamente nos culpan o nos culpamos por lo que haya podido suceder en el pasado, entrando en una guerra sobre quién lo hizo peor, estamos en una relación que no es sana. No se trata más que estrategias de manipulación, usar los sentimientos negativos asociados a los eventos pasados para conseguir una respuesta a nuestro favor en el presente.

  1. Relaciones de co-dependencia

Es lo más parecido a una relación adictiva, pero por parte de ambos, aquí no hay una víctima y un dominante. De hecho, ambas personas se convierten en dependientes del otro, para tomar decisiones, para sentirse de una manera u otra, para vivir… se pierde cualquier tipo de individualidad y nos volvemos adictos al otro. Las personas pueden terminar frustrándose por anteponer siempre las necesidad del otro por encima de las propias.

  1. Las expectativas idealizadas sobre la relación

Ninguno somos perfecto, es por ello que aquellas personas que permanecen en relaciones con el afán de cambiar a la otra persona, de que la persona nos entienda como si fuese nosotros, no aceptar lo que se es sino luchar por lo que se debería ser…no hacen más que coartar la felicidad de la persona. Las expectativas irrealistas o ideales terminan por frustrar a la persona y sumirla en un estado de tristeza por lo que no tiene, sin reconocer lo que si tiene

En definitiva, se trata de tratar de ser conscientes de cuándo estamos entrando en relaciones desequilibradas que no nos llevan a dinámicas sanas.

Relacionarnos con los demás es una oportunidad maravillosa de crecer continuamente, un sendero que nos puede llevar a innumerables escenarios de bienestar.

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