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	<title>psicologo archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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	<description>Psicólogo en Granada. Gabinete de psicología clínica (especialidad adultos, infantil y adolescentes) Problemas de ansiedad, depresión, informes psicológicos</description>
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	<title>psicologo archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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		<title>Algunas verdades y mentiras sobre ir al psicólogo</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Aug 2017 10:55:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La imagen errónea que socialmente puede tener una profesión cómo la de psicólogo que ejerce en la rama clínica, trae consigo una dificultad añadida por el tabú o la vergüenza que pueden tener algunos a la hora de solicitar cita con un especialista de la psicología o por las expectativas poco realistas a la hora [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La imagen errónea que socialmente puede tener una profesión cómo la de psicólogo que ejerce en la rama clínica, trae consigo una dificultad añadida por el tabú o la vergüenza que pueden tener algunos a la hora de solicitar cita con un especialista de la psicología o por las expectativas poco realistas a la hora de la intervención.</p>
<p style="text-align: justify;">Intentaremos desmitificar el estereotipo sostenido en torno al trabajo del psicólogo clínico  a través de algunas opiniones comunes que encontramos en nuestra cultura actual:</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>“La gente que va al psicólogo está trastornada o es débil”</strong> Esta idea es falsa. Las personas que nos solicitan cita son personas como cualquier otras que manifiestan algún tipo de malestar emocional que tiene una explicación en su funcionamiento cotidiano por su historia personal, vital, o por determinadas vivencias acumuladas en el tiempo. Diagnosticar un trastorno como tal, no es el objetivo que se persigue en una intervención, sino abordar unos problemas específicos. Así mismo pedir opinión o la intervención de un tercero experto en temas emocionales o psicosociales no podemos considerarlo muestra de debilidad. La mayoría de los clientes que solicitan el servicio de psicología clínica son personas totalmente normales, con habilidades y capacidades pero que están atravesando un momento de crisis, bloqueo, o que necesitan asesoramiento sobre cómo orientar algunas cuestiones relevantes de su vida y no saben cómo hacerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>“Ir al psicólogo es ir a hablar”</strong>. El poder curativo de la palabra es un efecto demostrado en esta profesión y en algunos casos, lo que llamamos la ventilación emocional (hablar) es crucial. Sin embargo, <strong>desahogarse y hablar, no es suficiente</strong>. El psicólogo no es un mero receptor de información. Será necesario poner la historia de la persona en orden, darle un sentido, comprender el problema, integrarlo y actuar en consecuencia con pautas de intervención que van más allá de la palabra. Desde un abordaje cognitivo-conductual, el trabajo del paciente y del psicólogo será intervenir en pensamientos y en acciones concretas.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>“El psicólogo te sonsacará cosas y lo relacionará todo con la infancia, los traumas o tus padres». </strong>En la evaluación y durante el tratamiento, el psicólogo realiza preguntas personales, en ocasiones profundas, pero en ningún caso obliga o presiona para hablar o sacar información. Como especialista, el psicólogo sabe dar espacio y privacidad a la persona y en ningún caso pide datos o información que no sea necesaria. Bien es cierto que, en ocasiones, los problemas actuales de los pacientes pueden relacionarse con algunas circunstancias concretas de la infancia o eventos dolorosos de su historia personal, que ayudan a explicar o a entender porqué una persona manifiesta unos problemas u otros. La idea de los traumas, los padres o la infancia viene de una malentendida rama de la psicología clínica, llamada psicoanálisis que a menudo no se conoce en profundidad y se desvirtúa.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>“Ir al psicólogo puede estar bien para que te digan qué tienes que hacer”</strong>. La intervención del especialista no debe ir dirigida a ordenar a la persona lo que debe hacer, ni a decidir por ella. El psicólogo ayudará a la persona a tomar sus propias decisiones, a pensar de un modo más adaptativo, a actuar de una forma más beneficiosa a través de unas pautas y tecnicas concretas para cada caso. El objetivo no es acudir a recibir consejos que cualquier familiar o amigo puede dar. Bien es cierto que el estilo de cada profesional es diferente, de modo que pueden encontrarse psicólogos más o menos directivos o casos muy concretos en los que si es necesario marcar límites más estrictos (por ejemplo, en intervención infantil. donde los tratamientos más eficaces son conductuales).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-“Las terapias psicológicas son largas en el tiempo”.</strong> Otro de los mitos más extendidos sobre nuestro abordaje. Dependiendo de la características del caso a abordar, la duración  puede prolongarse más o menos tiempo, pero deberás saber que muchas personas que acuden a consulta encuentran en pocas sesiones mejoría y herramientas para gestionar su día a día de forma más exitosa. Nuestro objetivo es conseguir una evolución consolidada, y para ello, no siempre se precisa una temporalidad demasiado prolongada. Recuerda que cuando acudes al psicólogo, el interés del especialista será que quedes contento con el servicio, y si se alarga el proceso de forma artificial, ¡será difícil que le recomiendes!</p>
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		<title>La evitación experiencial ¡No quiero pasarlo mal!</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jun 2016 11:07:39 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cuántas veces hemos evitado hacer aquello que nos cuesta trabajo llevar a cabo. La persona con miedo a conducir prefiere evitar coger el coche e ir en autobús, la persona con miedo a las alturas prefiere no subir a la Torre Eiffel, aún sabiendo que puede que nunca vuelva a París… Pero es que el temor [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/06/17231955_1.jpg"><img loading="lazy" class="wp-image-1960 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/06/17231955_1.jpg" alt="17231955_1" width="254" height="143" /></a>Cuántas veces hemos evitado hacer aquello que nos cuesta trabajo llevar a cabo. La persona con miedo a conducir prefiere evitar coger el coche e ir en autobús, la persona con miedo a las alturas prefiere no subir a la Torre Eiffel, aún sabiendo que puede que nunca vuelva a París… Pero es que el temor atenaza a veces de forma tan fuerte que uno prefiere rehuir la sensación de ansiedad que provoca exponerse al miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">La evitación experiencial estaría relacionada con la tendencia a intentar evitar los propios pensamientos, sentimientos, recuerdos, sensaciones corporales porque el hecho de hacer presente dichas “experiencias internas” generan una <strong>respuesta de malestar a corto plazo tan relevante</strong>, que a menudo preferimos evitarlos…incluso aunque el hecho de hacerlo te acabe causando problemas.<span id="more-1959"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de experiencias que para el que las padece, en principio, resultan dolorosas o desagradables, <strong>pero cuya evitación  acaba perjudicando a largo plazo</strong>. Por ejemplo, la persona que evita subirse al avión por miedo a volar pese a lo que gustaría conocer ciudades del mundo; o por otro lado, el que evita matricularse en el conservatorio para aprender a tocar un instrumento musical pese a que puede llevar muchos años planteándose la idea. En realidad, lo que en ambos ejemplos se está evitando es la percepción de inseguridad, ansiedad, miedo a la sensación de volar y verme “desamparado” en el aire o el vértigo con mezcla de desidia que puede producir el empezar de 0 a aprender a tocar un instrumento musical.</p>
<p style="text-align: justify;">La evitación experiencial puede aparecer en el momento en el <strong>que pretendemos eludir todo atisbo de incomodidad y prima en nosotros la necesidad de sentirnos simplemente cómodos</strong>, en la llamada “zona de confort” de la que hablan multitud de autores.</p>
<p style="text-align: justify;">La actitud de mostrar un rechazo marcado hacia dicha sensación de ansiedad o desidia no hará en esas circunstancias sino aumentar en mayor medida nuestro grado de desajuste, generando con ello cada vez en mayor medida dichas manifestaciones. Y es que nuestro cerebro funciona así, cuánto menos estemos dispuestos a “soportar” dichas incomodidades, mayor será el grado de influencia que tengan sobre nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestros pensamientos funcionan de esa forma tan caprichosa, cuando mayor sea el objetivo de la persona de suprimir dichas experiencias negativas, cada vez se harán más intolerables e incapacitantes. Y cuando la persona se acostumbra en su día a este código de conducta no consigue algo diferente a ir haciéndose cada vez más pequeña con el <strong>consiguiente efecto negativo en su autoestima</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Este “modus operandi” está muy asociado a la <strong><em>Baja Tolerancia a la Frustración</em>,</strong> termino conceptualizado por el psicólogo <em>Albert Ellis</em> que refleja de forma muy acertada esa tendencia a escapar de lo adverso y a refugiarse solo en aquello que nos provoca dosis de comodidad y control.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">De este modo las personas con tendencia dicha evitación experiencia pueden tener mayor tendencia a desarrollar cuadros ansioso-depresivos, no solo por la tendencia evitativa descrita si no por la <strong>consiguiente pérdida de autoestima asociada</strong>. Lo podríamos razonar de la siguiente manera: si tengo una marcada tendencia a eludir la acción de enfrentar miedos,  inseguridades o frustraciones será más probable que la forma en la que me percibo a mí mismo sea como una persona cobarde, insegura y pusilánime.</p>
<p style="text-align: justify;">Como veis, en esta entrada de blog no hemos mencionado en ningún caso el concepto “trastorno” ni “enfermedad”, con esta omisión intencionada queremos dejar claro que verse representado por este patrón de evitación experiencial no tiene porqué estar asociado a “estar enfermo”, por lo que si te sientes identificado con este problema y necesitas ayuda, no dudes en consultar con nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro papel como especialistas en el abordaje de este tipo de problemáticas consistirá en establecer un plan de acción en el que la persona que acude a consulta sea capaz de comprender las implicaciones de la conducta y de los pensamientos dentro de la evitación experiencial, y desde ese origen intervenir utilizando el abanico de <strong>técnicas de las que dispone el psicólogo cognitivo conductual:</strong> reestructuración cognitiva, exposición en vivo y en imaginación a parte de aquellas herramientas terapéuticas derivadas de las terapias de tercera generación, como es la terapia de Aceptación y Compromiso.</p>
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		<title>Música para sanar el alma</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 08:57:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>María Isabel Salguero Arnaiz (Psicóloga) La música es una parte esencial del ser humano. Si recordamos cualquier evento importante de nuestra vida, así como los más cotidianos es muy posible que nos demos cuenta de que de fondo sonaba una melodía. Y es que con ella la vida tiene más color. Utilizamos la música para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<pre style="text-align: justify;">María Isabel Salguero Arnaiz (Psicóloga)</pre>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/descarga.jpg" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1839 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/descarga-150x150.jpg" alt="descarga" width="150" height="150" /></a>La <strong>música es una parte esencial del ser humano</strong>. Si recordamos cualquier evento importante de nuestra vida, así como los más cotidianos es muy posible que nos demos cuenta de que de fondo sonaba una melodía. Y es que con ella la vida tiene más color. Utilizamos la música para divertirnos, para comunicarnos o para expresarnos. Es una manera de canalizar sentimientos y emociones ya sea cantando, bailando, tocando un instrumento o simplemente escuchándola.</p>
<p style="text-align: justify;">La música puede ser una<strong> cura</strong> para el alma, o mejor dicho <strong>para la mente</strong>. Incide positivamente en nuestra salud, tanto física como en nuestro bienestar psicológico, y es probablemente esto lo que ha hecho que en los últimos años haya aumentado su uso con fines terapéuticos, aplicándose lo que hoy en día se conoce como <strong>musicoterapia</strong>. Este tipo de terapia creativa en la que se utiliza la música como medio para  aumentar la salud se aplica en muchos ámbitos, siendo algunos de los grupos de población en los que se interviene personas mayores, con autismo o parálisis cerebral. No obstante, cualquier persona puede sacar partido de sus beneficios.<span id="more-1838"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La música tiene diversos efectos</strong> en las personas. Para empezar, tiene influencia en nuestro sistema nervioso, pudiendo por ejemplo modificar nuestro ritmo cardíaco y respiratorio, que tienden a sincronizarse con el ritmo de la melodía que estemos escuchando. Además, diversos estudios han demostrado que escuchar música puede <strong>reducir la sensación de dolor</strong> <strong>así como la ansiedad y el estrés</strong>. En concreto, un estudio comparó la eficacia de los sedantes con escuchar música para reducir la ansiedad antes de una operación. Los resultados obtenidos fueron que los pacientes que escuchaban música antes de la intervención reducían sus niveles de ansiedad al mismo nivel que en aquellos a los que se les administraba un sedante. También se han observado efectos positivos de escuchar música después de una operación, que el paciente escuche música que le guste después de despertar de la anestesia reduce la sensación de dolor.<!--more--></p>
<p style="text-align: justify;">Asimismo, también tiene efectos psicológicos en nosotros, pues como ya es sabido por todos, la música tiene la <strong>capacidad de evocar sentimientos o estados de ánimo</strong>. ¿Quién no se emociona si empieza a sonar una determinada canción que nos recuerda a una persona especial de nuestro pasado? De repente es como si volviéramos a revivir sensaciones que creíamos olvidadas. Y es que la música tiene una gran fuerza dentro de la memoria emocional. Está estrechamente ligada a las emociones, lo que hace que pueda sernos útil a la hora de regularlas. Por ejemplo, escuchar música alegre puede ayudarnos a animarnos cuando nos encontramos sumergidos en un estado de ánimo negativo, al igual que cuando nos encontramos más ansiosos y nerviosos escuchar música más tranquila nos puede ayudar a relajarnos. Escuchar música puede sernos de utilidad para regular nuestras emociones de una forma muy sencilla.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, también son dignos de mención los <strong>beneficios de tocar un instrumento musical</strong>. Si no sabes tocar algún instrumento pero siempre te habría gustado aprender a tocar uno puede que esto te anime. Para empezar, comenzar una nueva actividad nos puede servir como una nueva meta o motivación en nuestra vida, así como para aumentar nuestra autoestima. Nos puede ayudar a expresarnos, siendo una buena manera de canalizar emociones que tengamos, y sacarlas a través de la música que toquemos. Al mismo tiempo, puede ser una buena forma de ayudar a relacionarnos con otras personas, no solo por ir a clase, sino que podemos ampliar nuestro círculo social quedando para tocar con más gente, o uniéndonos a un grupo ya existente. Por otra parte, también tiene beneficios para nuestra mente. El <strong>aprendizaje de un instrumento produce cambios en el cerebro, aumentando entre otras cosas la coordinación o la memoria de trabajo</strong>. Investigaciones al respecto han visto que cuando tocamos, a diferencia de cuando solo escuchamos música, se activan muchas áreas diferentes del cerebro al mismo tiempo, por lo que es un ejercicio estupendo para mantenernos activos mentalmente.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde un modo de expresión, de divertirnos o de reducir el estrés del día a día la música forma parte de nuestra vida así como de nuestra parte emocional como seres humanos. Tanto si tocas un instrumento, si te gusta cantar, escucharla o bailar al ritmo de esta, está claro que la música puede aportarnos muchas cosas positivas que podemos aprovechar para aumentar nuestro bienestar.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>“La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón&#8230; Es la lengua universal de la humanidad”</em> Astor Piazzolla</strong></p>
<p class="Standard" style="line-height: 150%;">Para más información sobre el tema de este artículo recomendamos los siguientes vídeos:</p>
<div id="attachment_1851" style="width: 160px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=PgrSUT8Lluc" target="_blank" rel="noopener"><img aria-describedby="caption-attachment-1851" loading="lazy" class="wp-image-1851 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/hqdefault-150x150.jpg" alt="hqdefault" width="150" height="150" /></a><p id="caption-attachment-1851" class="wp-caption-text"><strong>REDES.</strong> Música, emociones y neurociencia</p></div>
<div id="attachment_1852" style="width: 160px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=R0JKCYZ8hng" target="_blank" rel="noopener"><img aria-describedby="caption-attachment-1852" loading="lazy" class="wp-image-1852 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/descarga-1-150x150.jpg" alt="descarga (1)" width="150" height="150" /></a><p id="caption-attachment-1852" class="wp-caption-text"><strong>TED-ed:</strong> Cómo tocar un instrumento beneficia al cerebro</p></div>
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		<title>Psicología para andar por casa: La disonancia cognitiva</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2016 10:16:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A lo largo de la historia de la psicología, ha habido experimentos míticos que han marcado un cambio significativo en el la concepción de la complejidad del comportamiento de los seres humanos. El proceso de toma de decisiones, cómo nos comprometemos con determinadas ideas, creencias y cómo actuamos con respecto a ellas implica un procesamiento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A lo largo de la historia de la psicología, ha habido experimentos míticos que han marcado un cambio significativo en el la concepción de la complejidad del comportamiento de los seres humanos. El proceso de toma de decisiones, cómo nos comprometemos con determinadas ideas, creencias y cómo actuamos con respecto a ellas implica un procesamiento superior y muy complejo en el que confluyen variables personales, valores, creencias… y otras de tipo social o cultural como los estereotipos o expectativas respecto a lo que se considera correcto o incorrecto.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/02/descarga-2.jpg" target="_blank" rel="attachment noopener wp-att-1748"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1748" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/02/descarga-2-150x150.jpg" alt="descarga (2)" width="172" height="172" /></a> Uno de los hallazgos más interesantes a este respecto proviene de la psicología social a través de la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957), por la cual podemos explicar cómo somos <strong>capaces de flexibilizar nuestras creencias iniciales para justificar o hacer coherentes determinados comportamientos o actitudes que pueden ser molestos o juzgables</strong>. Vayamos por partes para explicarlo mejor.<span id="more-1746"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El <strong>experimento inicial</strong> que dio origen a la investigación de este fenómeno, fue realizado por <strong>Festinger</strong> a finales de los años 50. El experimento consistió en pedir a una serie de sujetos que realizasen una tarea mecánica  durante un buen rato (la tarea había sido elegida por ser totalmente desmotivante). Cuando terminaron se les pidió una valoración personal sobre qué les había parecido la tarea y la respuesta fue unánime: fue muy aburrida. Posteriormente, dividió a los sujetos en tres grupos experimentales. A los sujetos del primer grupo (grupo control) se les dijo que el experimento había concluido y que se podían ir. A los sujetos del segundo grupo, se les pidió un favor: fuera de la sala esperaba una persona que tenía que realizar esa misma tarea pero que no estaba muy convencida, así que les darían 1 dólar si le decían que la tarea era divertida y motivante. Con los del tercer grupo hizo lo mismo, pero en vez de un dólar, se les pagó 20. Realmente al grupo 2 y 3 se les pagó por que dijeran una pequeña mentira y ayudar al experimentador a cambio de una compensación económica y todos aceptaron. Es importante señalar también la condición de que el grupo de 1 dólar sabía que a otro grupo se les pagó 20 por hacer lo mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al cabo de una semana Festinger llamó a todos los sujetos para preguntarles de nuevo qué les pareció la tarea, los del primer y tercer grupo reafirmaron su anterior respuesta, que la tarea había sido muy aburrida. Sin embargo, sorprendentemente descubrió que los del segundo grupo habían cambiado de opinión y  creían que la tarea fue divertida, modificando así su valoración inicial. Este es el efecto que se conoce como reducción de la disonancia: para justificar una mentira por un dólar los sujetos de convencen realmente de que la tarea no fue tan aburrida. La explicación de por qué en el tercer grupo no se produjo el efecto de disonancia cognitiva, es que al haber recibido una cantidad bastante mayor (20 dólares de la época), tenían un argumento que justificaba el haber mentido, por lo cual no debieron modificar su percepción del experimento. El grupo de un dólar no tenía una cantidad económica suficiente como argumento. De algún modo, se habían “vendido” por apenas 1 euro.  Como resultado, debieron modificar sus percepciones del experimento y comenzar a considerarlo divertido para sentirse mejor y reducir la disonancia entre lo que pensaban y cómo actuaron.</p>
<p style="text-align: justify;">La disonancia cognitiva muestra la<strong> incomodidad o tensión que percibimos cuando mantenemos ideas contradictorias que entran en conflicto con nuestras acciones</strong>. La única manera de reducir el malestar generado por este choque es cambiar las creencias. Todos los días nos enfrentamos a ejemplos en los que entramos en disonancia.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Pongamos algunos ejemplos cotidianos</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; <span style="text-decoration: underline;">Tenemos un objetivo claro y definido: “quiero perder peso”</span>. Las conductas coherentes que cualquier persona puede desarrollar para alcanzar este objetivo serían por ejemplo: no comer chucherías y salir a correr. Pero habrá días en que comeremos dulces y no saldremos a correr, de modo que nos comportamos de modo incoherente con nuestras ideas generándonos un pequeño malestar (disonancia entre lo que hemos pensado y lo que hemos hecho). El modo de ajustarnos y reducir este malestar es relajar el objetivo inicial para reducir la disonancia: “por un día no pasa nada”, “es mejor perder peso poco a poco”.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<span style="text-decoration: underline;">“Voy a salir a ver escaparates, pero no voy a comprarme nada”.</span> Sin embargo, es fácil picar y acabamos volviendo a casa con una camiseta. Para reducir la disonancia buscaremos argumentos a favor de nuestro comportamiento, tales como: “es que estaba en rebajas, además me queda muy bien y me hace falta ropa nueva para verano”.</p>
<p style="text-align: justify;">Digamos que de alguna manera, buscamos justificaciones para nuestros comportamientos una vez que hemos actuado para poder sentirnos mejor. No nos esforzamos tanto en pararnos a pensar lo que vamos a hacer, pero si nos esforzamos mucho en generar ideas para explicar estos comportamientos. Este proceso es automático e inconsciente la mayoría de las veces y es que al producirse una incongruencia, <strong>nos vemos motivados para generar ideas y creencias nuevas y poder reducir la tensión, hasta conseguir que el conjunto de ideas y actitudes encajen entre sí</strong>, constituyendo una cierta coherencia interna que nos equilibra.</p>
<p style="text-align: justify;">Si nos llevamos este efecto a circunstancias personales y sociales, se puede llegar a entender cómo determinadas personas pueden justificarse ante actos violentos, crímenes y decisiones injustas o poco éticas. De modo más cotidiano, todos caemos en profundas contradicciones, como por ejemplo: permanecer en un trabajo en el que estamos explotamos, continuar  con una pareja que con la que no estamos felices, votar a un partido de ideología contraria al que votamos en el pasado… Pero podemos llegar a detectar cuáles son los argumentos en los que sostenemos la incoherencia para poder sentirnos bien.  A este respecto y en términos generales, lo interesante  es que la reducción de la disonancia es un proceso adaptativo al permitirnos equilibrarnos pero, es aún más interesante <strong>ser conscientes de los pequeños “autoengaños” del día a día</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>No debería sentirme así</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2016 12:14:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Tania Martínez Montero (Psicóloga) ¿Cuántas veces te has preguntado si lo que estás haciendo o sintiendo lo hace todo el mundo? ¿Es normal lo que estoy pensando? Es muy frecuente que nos preguntemos en el día a día si algunas de las cosas que hacemos, decimos o pensamos son normales y si lo hará todo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<pre style="text-align: justify;"><strong>Tania Martínez Montero (Psicóloga)</strong></pre>
<p style="text-align: justify;">¿Cuántas veces te has preguntado si lo que estás haciendo o sintiendo lo hace todo el mundo? ¿Es normal lo que estoy pensando?</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/01/lonely-273629_960_720.jpg" rel="attachment wp-att-1620"><img loading="lazy" class="wp-image-1620 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/01/lonely-273629_960_720-300x300.jpg" alt="lonely-273629_960_720" width="209" height="209" /></a>Es muy frecuente que nos preguntemos en el día a día si algunas de las cosas que hacemos, decimos o pensamos son normales y si lo hará todo el mundo. De hecho, <strong>muchas de las personas que acuden a consulta nos preguntan si lo que les ocurre, hacen o piensan lo comparten con más gente o están “locos” o son “raros”</strong>,  y muchas veces encuentran un gran alivio en saber que las cosas que nos perturban son más comunes en el día a día de cualquier persona de lo que creemos.<span id="more-1619"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El problema de esto radica en los grandes tabús de la psicología y de la mente humana, pues a día de hoy nos sigue resultando difícil exponer dudas y buscar ayuda aún siendo el objetivo el ser felices. <strong>Si ahora mismo te dijeran que tu mejor amigo o amiga, que un familiar cercano o tu pareja tiene cáncer, nadie dudaría en llevarse las manos a la cabeza y preguntarse ¿Por qué?</strong> ¿Por qué a ti? Nos atravesaría la noticia como la flecha más hiriente del mundo. Pero, ¿y si te dijeran que sufre una depresión? La mayoría no se lo tomaría en serio o, al menos, no con la importancia que corresponde a una depresión, pues esta es la principal causa mundial de incapacidad según la Organización Mundial de la Salud. A muchos de vosotros se os vendrían las mismas expresiones, “¡Qué cuento tiene!”, “¡Lo que tiene que hacer es espabilar!”, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto ocurre porque a todos nos da miedo o vergüenza reconocer nuestro estado psicológico por los juicios que puedan hacer los demás y, además, no estamos preparados para acompañar a las personas cuando tienen este tipo de sentimientos. No sabemos respetar que el resto de personas, incluso nosotros mismos,  tenemos derecho a sentirnos “así” en algunos momentos de nuestra vida y es normal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué ocurre cuando reaccionamos así y juzgamos a la persona que está pasando por un mal momento?</strong> Cuando emitimos juicios del tipo “Eres más débil”, “Eres demasiado sensible”, “Qué tontería más grande”, etc, no estamos empatizando con la persona que tenemos frente a nosotros. Esto, por supuesto, tiene determinadas consecuencias:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><strong>“Lo que me pasa no es normal”:</strong> cuando no nos ponemos en el lugar del otro, hacemos que se sienta extraño y, con esto, empeoramos su sufrimiento. Ahora, además de la situación que le ha llevado a sufrir, tendrá un miedo mayor por lo que está sintiendo.</li>
<li><strong>“Pensarán que estoy loco”:</strong> tendrá miedo a los juicios de los demás, lo que le llevará a esconder todo lo posible de su estado emocional. No sólo no buscará ayuda, si no que las personas que les rodean no verán su estado real, siendo imposible y muy poco probable que puedan ayudarle. Esto, lamentablemente, es lo que ha llevado en muchas ocasiones a leer o ver en las noticias que alguien ha acabado suicidándose y la familia y amigos no tenían ni idea de lo que ocurría.</li>
<li><strong>“No debería sentirme así”</strong>: por si no tuviera bastante con aquello que le hacesufrir y con el miedo a lo que puedan pensar, hay que añadirle la autoexigencia. Todo lo que empiece por un “debería” nos llevará por un mal camino, pues nos estamos guiando por un error cognitivo, es decir, un error de pensamiento. Por esto, si mal pienso, mal existo.</li>
<li><strong>Maltrato emocional</strong>: cuando esta falta de empatía se mantiene en el tiempo, llegamos a un maltrato emocional del otro, pues no estamos respetando su derecho a sentirse triste ni la función adaptativa que esta emoción tiene. [Véase <a href="http://alarconpsicologos.com/sentirse-mal-para-ser-feliz/">Sentirse mal para ser feliz</a> ]</li>
<li><strong>Contribuimos al malestar del otro</strong>: cuando una persona sufre y está triste, lo que necesita es soltar lastres, deshacerse en la medida de lo posible de aquello que le ha llevado al límite emocional. Al no empatizar, le estamos diciendo que lo está haciendo mal y, con ello, estamos sobrecargando a la persona en lugar de darle el espacio y el tiempo que necesita.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Sabiendo esto, <strong>¿qué puedo hacer si quiero ayudar a alguien?</strong> Es frecuente que caigamos en estos errores sin quererlo y teniendo como objetivo ayudar. Suele confundirse la empatía con la simpatía. Para entenderlo mejor:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><strong>Simpatía</strong>: es una actitud que nos lleva a “decorar” la realidad del que sufre con aspectos positivos. Por ejemplo, <em>-He suspendido uno de los exámenes más importantes de la universidad. – Al menos estás estudiando una carrera.- He tenido un aborto.- Al menos sabes que puedes quedarte embarazada.-</em> Aunque pueda parecer ridículo, esto es mucho más común de lo que imaginamos. Todos sabemos que cualquier situación tiene su parte buena, pero eso no significa que no podamos sentirnos tristes de manera puntual por aquello que estamos viviendo.</li>
<li><strong>Empatía</strong>: es la capacidad de ponerse en la piel del otro. Si nos preguntásemos, si yo estuviera viviendo lo mismo que tú ¿cómo me sentiría? Ser empático es una elección arriesgada, pues supone conectar con una parte de ti que conoce la emoción que vemos en la otra persona. Ser empático supone conocerse uno mismo y madurar a nivel emocional. Cuando alguien comparte contigo algo que le resulta difícil y le angustia es preferible escuchar “No sé qué decirte y no sé cómo debes sentirte con todo esto. Tiene que ser difícil estar en tu situación”. Con esto, no hemos solucionado nada, pero estamos siendo respetuosos con el otro y no estamos juzgando.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Por tanto, para ser empáticos y ayudar a los demás en los momentos difíciles:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Elimina las frases del tipo “<strong>No te preocupes”, “No te ralles” o “No es para tanto</strong>”</li>
<li><strong>No juzgues, escucha lo que el otro tiene que decir</strong>. Que aún no lo hayas vivido, no significa que no te pueda pasar a ti, y que no lo comprendas no implica que no sea normal.</li>
<li><strong>Respeta los tiempos que tiene cada uno</strong>. No todo el mundo necesita el mismo tiempo para todo.</li>
<li><strong>Responde de manera empática</strong>. Utiliza frases del tipo <em>“Veo lo triste que estás, tiene que ser difícil pasar por algo así”, “No puedo imaginarme cómo es pasar por esto”, “Entiendo que estás pasando por un momento muy difícil”.</em></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Pero, sobre todo, recuerda lo más importante. Todas y cada una de las personas con las que convives en el día a día, y con las que cruzas aunque sea un solo momento, está librando una batalla de la que no conoces nada, por lo que se amable, no juzgues y pon tu granito de arena al bienestar de los demás y al tuyo propio.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cierra los ojos para no juzgar, agudiza tus oídos para escuchar aquello que tienen que decir, ponte los zapatos del otro para comprenderlo y abre tu corazón sano para acunar a aquel que perdió el suyo.</em></p>
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		<title>El gran reto de la Navidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 10:22:49 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[psicología clínica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estefanía Aguilera de la Cruz (psicóloga) “Este año&#8230;la comida en casa” “Tengo miles de regalos que comprar” “Odio las colas del supermercado y gastar tanto” “Espero que mi cena familiar no sea una batalla campal” “Es Navidad, pese a estar de vacaciones no paso tiempo con mi pareja” &#160; La dulce Navidad, época de reuniones con [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<pre>Estefanía Aguilera de la Cruz (psicóloga)

</pre>
<p style="text-align: center;"><em>“Este año&#8230;la comida en casa” </em><em>“Tengo miles de regalos que comprar”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Odio las colas del supermercado y gastar tanto”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Espero que mi cena familiar no sea una batalla campal”</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Es Navidad, pese a estar de vacaciones no paso tiempo con mi pareja”</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La dulce Navidad, época de reuniones con familiares o amigos puede tornarse en una amarga realidad que nada tiene que ver con las fantásticas películas navideñas que vemos por televisión.<span id="more-1511"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En estas fechas encontramos los típicos turrones, mantecados, villancicos y luces que nos transmiten el espíritu de compartir, de vivir el futuro con esperanza, de soñar con nuevas metas.  Sin embargo también podemos sufrir las características discusiones o desacuerdos familiares, llegando incluso a parecer que esta fecha más que unirnos con las personas que queremos nos separan y generan malestar. Otro aspecto destacado de esta época del año sería el estrés de estar rodeado de gente en todos los sitios, así como los gastos extra de hacer regalos, adornar la casa y la gran cantidad de eventos sociales a los que “debemos asistir”.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, conviene añadir que es una <strong>época del año en la que hay que tomar decisiones</strong> en cuanto a los encuentros familiares a los que queremos (o nos vemos obligados) a asistir. Estos cambios pueden incluir la convivencia con familiares cercanos durante algunos días, algo que puede generar cambios en nuestra rutina pudiendo favorecer tensiones que marquen las fiestas navideñas.</p>
<p style="text-align: justify;">Los temas que protagonicen dichos <strong>conflictos familiares</strong> podrían ser de naturaleza económica, relacionados con la comunicación disfuncional entre familiares y los asociados a la pareja. Además pueden aparecer problemas emocionales o psicológicos asociados al estrés de preparativos, expectativas no cumplidas respecto a las reuniones familiares e incluso las problemáticas relacionadas con la pérdida reciente de algún familiar o amigo cercano.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchos os estaréis preguntando: ¿Qué he de hacer en concreto? A continuación aportamos algunas pautas para llevar la Navidad de forma más liviana y evitar el posible desgaste psicológico habitual para algunas personas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>¿CÓMO ACTUAR EN PAREJA?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Es conveniente generar un <strong>presupuesto común</strong>, para no exceder la suma de dinero que cada miembro de la pareja prevé gastar. Esta cuestión pasaría por negociar el desembolso económico previsto para las fiestas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/12/LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1515 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/12/LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web-150x150.jpg" alt="LV_20141230_LV_FOTOS_D_54422226045-992x558@LaVanguardia-Web" width="150" height="150" /></a>A la hora de decidir con quién pasar las fechas señaladas deben <strong>evitarse posturas impuestas</strong> y no pactadas entre ambos miembros. Recordemos que la idea es hacer de la Navidad algo agradable y que disfrutar en común (algunas ideas podrían ser el hacer turnos cada año con una parte de la familia, o cada fecha importante en un hogar distinto).</p>
<p style="text-align: justify;">En caso de que las costumbres navideñas puedan ser muy importantes para un miembro de la pareja y no para el otro lo ideal sería encontrar <strong>puntos de acuerdo entre ambos</strong>. En caso de estar en el grupo de los que no disfrutan de la simbología y de las implicaciones de estas fechas convendría considerar que al margen del trasfondo navideño de las semanas venideras podéis plantearlo como un tiempo en el que se os permite más disponibilidad de tiempo para estar juntos y para compartir más momento de ocio.</p>
<p style="text-align: justify;">En la medida de lo posible convendría reservar unos días u horas dentro de este periodo para fomentar <strong>planes en pareja</strong> (a solas), incluso incluyendo planes nuevos compartidos para salir del cansancio que supone el estrés de estos días.</p>
<p style="text-align: justify;">En caso de que la pareja tenga <strong>hijos</strong> se pueden <strong>programar actividades o juegos</strong> para que no se aburran en estas fechas, sobre todo para alejarles de la formalidad que supone en muchas ocasiones las reuniones familiares (algunos ejemplos podrían ser: pintar caretas de Santa Claus/Reyes Magos en Nochebuena/Reyes, hacer una gymkana por casa para los más pequeños en la que se acaben encontrando los regalos…).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿CÓMO LLEVAR MEJOR LAS RELACIONES CON FAMILIARES?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Será fundamental ajustar expectativas, las comidas familiares no tienen porqué ser como en las películas.</p>
<p style="text-align: justify;">Conviene no intentar controlar todos los aspectos que pueden acontecer durante los eventos familiares (ya sean buenos o malos), para ello será preferible centrarse en los aspectos positivos de la reunión para disfrutarlos.</p>
<p style="text-align: justify;">En relación a la sobrecarga de ocupaciones propias de esta época no estaría de más <strong>pedir ayuda para preparativos y organización</strong>. Sería conveniente evitar en la medida de lo posible la sobrecarga de trabajo y el cuidar nuestras exigencias (“Debería hacer la comida solo/a” “Deberíamos preparar la casa para que esté perfecta”).</p>
<p style="text-align: justify;">Las<strong> temáticas de las conversaciones</strong> en la mesa durante los eventos festivos debe ser otra cuestión a considerar. Es preferible elegir temas neutros de conversación (evitando así temas asociados a política, procurando no mencionar discusiones familiares previas…).</p>
<p style="text-align: justify;">Si detestas la Navidad, una vez finalizadas estas fechas, no quedará otra que utilizar el sentido del humor y reconfortarte ya que la Navidad solo pasa una vez al año.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Te sientes con más fuerza para afrontar estas fiestas? Esperamos que estas pautas te sean de ayuda para prevenir el estrés y pasar tiempo de manera  agradable con los tuyos. <strong>¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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