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	<title>estrés laboral archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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	<description>Psicólogo en Granada. Gabinete de psicología clínica (especialidad adultos, infantil y adolescentes) Problemas de ansiedad, depresión, informes psicológicos</description>
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		<title>“No tengo ganas”: deseo sexual hipoactivo en ellas ¡y en ellos!</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2016 09:48:48 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La generalidad de expertos coinciden en que la falta de deseo  en las mujeres es el problema relacionado con la sexualidad más frecuente que encontramos en todos los rangos de edades. Existen una gran variedad de factores que ayudan a explicar el desinterés hacia las relaciones en las chicas, pero no hay que olvidar que <strong>el deseo sexual hipoactivo o inhibido también se da en chicos</strong> y sin embargo ¿está igual de normalizado y estudiado?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuándo estamos hablando de un problema? La falta de deseo sexual, en contra de lo que pueda pensarse, no se relaciona con falta de interés hacia la pareja concreta, sino más bien con una disminución generalizada por el interés hacia el sexo.  Se caracteriza por una <strong>ausencia o reducción notable de pensamientos, actitudes, fantasías y actos sexuales, por lo que se interrumpe el funcionamiento personal y emocional  de quien lo padece, siendo esto lo que define el problema como una “disfunción”</strong>. Además, es muy frecuente que la persona lo viva con mucha ansiedad o tema que pueda ocasionar problemas en la pareja, al someterla a un habitual rechazo.<span id="more-2004"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, es de especial relevancia comprender dónde puede estar el origen del problema. Las <strong>causas o factores biológicos</strong> deben ser descartados en primer lugar. Cambios hormonales importantes o el efecto secundario de algunos medicamentos (por ejemplo, antidepresivos o algunos anticonceptivos), pueden explicar momentáneamente una falta de interés sexual, así como la presencia de alguna enfermedad médica crónica sin diagnosticar adecuadamente. Sin embargo, la <strong>mayoría de los casos tienen su explicación en factores de tipo psicológico y social</strong>, y en otros muchos no se encuentra una única causa claramente identificable. Las causas más probables tienen que ver con la falta de deseo sexual tanto en hombres como en mujeres son:</p>
<p>-Altos niveles de estrés y ansiedad u otros problemas emocionales.</p>
<p>-Baja autoestima o insatisfacción con la propia figura corporal.</p>
<p>-Tipo de educación sexual recibida o estereotipos presentes (por ejemplo, creer que la actitud de la mujer en las relaciones sexuales debe ser pasiva o que él siempre tiene que iniciar las relaciones).</p>
<p>-Instalación de la rutina, habituación o falta de novedad y estimulación en las relaciones sexuales con la pareja.</p>
<p>-Poca variedad o el tipo de prácticas sexuales  que la pareja realiza.</p>
<p>-Falta de comunicación o insatisfacción con algún aspecto relacionado con la pareja.</p>
<p>-Otros factores sexuales como por ejemplo, otro tipo de disfunción como la dificultad para llegar al orgasmo o el dolor en las relaciones íntimas.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay que olvidar que el grado de deseo también varía según la persona, no tanto conforme a los géneros. <strong>Está muy extendida la idea de que la mujer en general tiene menor deseo que el hombre</strong>, y han intentando explicarse estas diferencias a través de estudios hormonales o bioquímicos sin éxito alguno. Es probable que el papel sexual del hombre les haya predispuesto a expresar más fácilmente sus deseos en contra de la educación sexual más represiva para la mujer, que ha aprendido en mayor medida a no ser tan activa. Es por ello que el deseo sexual inhibido no debe normalizarse ni en hombres ni en mujeres. Sin embargo, precisamente por esas diferencias de roles, <strong>este problema está más comprendido en mujeres que en hombres</strong>, ya que de alguna manera, se da por hecho que ellas siempre tienen menos ganas, mientras que  a ellos se les exige estar siempre dispuestos porque asumimos que siempre tienen ganas. En este sentido los hombres también sufren las presiones de los estereotipos creados ante los cuales “deben dar la talla” y su sufrimiento por este tema es equiparable al de la mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuándo no es un problema? Puesto que hay importante diferencias individuales, cada pareja es un mundo aparte, y puede darse el caso de que uno de los miembros de la pareja sea más activo que el otro y tenga más interés sexual, sin que eso signifique que la pareja tenga un problema de falta de deseo, sino más bien que hay una diferencia dentro de unos rangos normales. Un deseo hiperactivo o una elevada exigencia sexual de la pareja no implica un problema de bajo deseo en el otro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La respuesta sexual humana se modifica a lo largo de la vida, pasando por diferentes etapas, pero en todas ellas, el deseo debe estar presente</strong>. Dentro de una misma pareja sexual, la cantidad e intensidad de los encuentros sexuales suele disminuir con el paso del tiempo, pero se puede sostener una sexualidad placentera para ambos miembros si la relación de pareja está basada en la calidad de las relaciones, variedad de las prácticas y la asertividad sexual.</p>
<p><strong>¿Qué se puede hacer?</strong> Lo recomendable es acudir a un especialista que haga una profunda y adecuada evaluación de la persona y de la pareja, para poder trabajar sobre unas pautas concretas. Desde nuestro punto de vista, lo más importante a considerar en una intervención serían los siguientes aspectos:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Información sexual adecuada. La cultura sexual ayudará a calmar mucha ansiedad y preocupaciones que se basan en una mala educación o información sexual (mitos, creencias preconcebidas, roles de género…)</li>
<li style="text-align: justify;">Técnicas cognitivo-conductuales que ayuden a reducir el estrés y al ansiedad. A nivel corporal se sabe que la respuesta sexual es incompatible con la respuesta de ansiedad.</li>
<li style="text-align: justify;">Flexibilización de pensamientos negativos, expectativas e ideas irracionales que hagan daño a la persona, afecte a su autoconcepto y, por tanto a su ejecución sexual.</li>
<li style="text-align: justify;">Mejora de la comunicación en pareja: especialmente, con la liberación de la presión de que hay que tener relaciones sexuales “porque toca”, y retomando los momentos de erotismo, intimidad, complicidad que quedan olvidados por la rutina y la habituación.</li>
<li style="text-align: justify;">Entrenamiento en focalización sensorial para fomentar la sensualidad y el descubrimiento de nuevas formas de encontrar el deseo aparte de la excesiva genitalidad.</li>
<li style="text-align: justify;">Sexualizar el cerebro: es necesario entrenar el cerebro como el órgano sexual más importante que tenemos a través de la generación de fantasías, potenciación de la imaginación, autoerotismo, autoestimulación, búsqueda de material erótico…</li>
<li style="text-align: justify;">Interconsulta con especialistas si hay interacción de fármacos.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“No faltan los sinónimos para nombrar el deseo sexual: libido, apetito, ansia, excitación, pulsión…pero su definición continúa siendo confusa” Anne de Kervasdoué</p>
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		<title>¿Queréis vacaciones? Yo no, soy adicto al trabajo</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jul 2016 15:05:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Estamos en pleno verano, altas temperaturas, muchas horas de luz…muchos de vosotros estáis notando el cansancio acumulado durante el año, no os acordáis del último puente en el que descansasteis o de aquellos días de libres que o cogisteis en semana santa. Estáis deseando que llegue el día de vuestras vacaciones para encontraros con el [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Estamos en pleno verano, altas temperaturas, muchas horas de luz…muchos de vosotros estáis notando el cansancio acumulado durante el año, no os acordáis del último puente en el que descansasteis o de aquellos días de libres que o cogisteis en semana santa. Estáis deseando que llegue el día de vuestras vacaciones para encontraros con el sol, la tranquilidad, o la fiesta, quizá busquéis un recóndito lugar en el que desconectar y disfrutar. Sin embargo, no todo el mundo atisba la llegada de las vacaciones con tal entusiasmo o felicidad, e incluso es posible que les cueste parar de pensar en el trabajo y que no disfrute de esos días, porque <strong>aunque parezca mentira, en el mundo de las adicciones no paramos de sorprendernos porque si, existen personas adictas al trabajo. Y cuando lo único que importa es trabajar, el periodo vacacional se convierte en una tortura</strong>.<span id="more-1979"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La adicción al trabajo está encuadrada dentro de las de tipo “comportamental” al ser una adicción sin sustancias, y se define por una excesiva implicación de la persona en su actividad laboral, a la que no pone control ni límite, llegando a abandonar otro tipo de actividades (ocio, citas médicas, atención familiar…). Este <strong>exceso no se explica por una necesidad objetiva como por ejemplo, falta de ingresos</strong> suficientes, sino más bien por la aparición de una necesidad de tipo psicológico, generalmente, ansiedad, y que la persona aprende a canalizar a través del trabajo. De hecho, se convierte en una adicción cuando <strong>el trabajo ocupa la función de evitar otro malestar</strong> o emociones negativas.</p>
<p style="text-align: justify;">En general, podemos hablar de un perfil bastante característico de personas adictas al trabajo. Normalmente son hombres de mediana edad (de 35 a 50 años) perfeccionistas, exigentes consigo mismos, en ocasiones obsesivos, suelen tener un gran desempeño en su puesto de trabajo y estar muy bien valorados, de modo <strong>que socialmente, el papel de los adictos al trabajo está muy reforzado tanto por las empresas, como a nivel social</strong>: <em>“</em><em>Una particularidad de la adicción al trabajo que la diferencia de otras adicciones es que se alaba y recompensa a la gente por trabajar en exceso, esto casi nunca sucede con otras adicciones”, (Fassel, 2000)</em> . El trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo a veces puede estar camuflado debajo de estos comportamientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es por todo esto que la adicción al trabajo es la que pasa más desapercibida y que en principio puede no generar problemas en la persona o en su entorno. Sin embargo, a medio y largo plazo, aparecen consecuencias muy importantes con son  el <strong>aislamiento social, problemas en la relación de pareja o el hecho de que las responsabilidades familiares quedan desatendidas, realmente no hay interés por iniciar nuevas relaciones o actividades fuera del trabajo y además suelen descuidar bastante su propia salud</strong>, hábitos de sueño o alimentación…</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las <strong>señales de alarma</strong> más importantes es que si existe tiempo libre fuera del trabajo, la persona no disfruta de él al cree que debería estar trabajando, solucionando problemas en su puesto, o no sabe cómo gestionar su propio estado porque siente altos niveles de malestar, ansiedad y agobio. Realmente es como si el  <strong>trabajo se usara como una “tapadera” para bloquear, evadir o evitar afrontar otros problemas o emociones negativas</strong>. Tal y como señalan los expertos, no estamos hablando únicamente de un exceso cuantitativo de horas de dedicación (que muchas personas tienen sin ser adictos al trabajo), si no que la cuestión es más profunda, al hacer del trabajo el núcleo central de su vida, generándose la incapacidad de tener otros intereses o formas de disfrute.</p>
<p style="text-align: justify;">A largo plazo la adicción al trabajo  se relaciona con <strong>altos niveles de estrés y problemas cardiovasculares</strong>, en algunos casos también se asocia con abuso de sustancias, concretamente alcohol y al móvil e internet como medio de control de asuntos laborales.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas de las características que se aprecian en personas adictas al trabajo son:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Se ven incapaces de tomarse vacaciones o descansar. Durante los fines de semana tienen cantidad de preocupaciones laborales con las que experimentan mucha ansiedad. Así mismo pueden notar mucho cansancio cuando paran de trabajar, irritabilidad y culpabilidad.</li>
<li style="text-align: justify;">Para ellos es imposible terminar la jornada laboral con un trabajo inacabado.</li>
<li style="text-align: justify;">Buscan intencionadamente nuevas metas y objetivos de trabajo para realizar en los periodos de descanso, aunque esté fuera de las competencias de su puesto.</li>
<li style="text-align: justify;">Son incapaces de rechazar ofertas de trabajo adicional, aunque implique dedicarle más horas o sobrecargarse. Se ven afectados por una “hiperesponsabilidad” muy elevada.</li>
<li style="text-align: justify;">No limitan ni organizan sus horarios para actividades básicas como comer o dormir, atender a citas médicas o a la familia.</li>
<li style="text-align: justify;">Es frecuente que perciban una fuerte competitividad y autoexigencia en cualquier actividad, especialmente por la necesidad y búsqueda de admiración y obediencia de los demás.</li>
<li style="text-align: justify;">Familiares y amigos se quejan habitualmente de que dedica más tiempo al trabajo que a ellos y que no sabe parar o desconectar. Suelen distanciarse afectiva y socialmente, primero de los entornos menos importantes, para después pasar a los más íntimos.</li>
<li style="text-align: justify;">No saben delegar y supervisan todo personalmente, especialmente si tienen rasgos perfeccionistas de personalidad a la base, ya que creen que los demás no harán sus funciones tan bien como él mismo.</li>
<li style="text-align: justify;">Limitar las lecturas o las pocas actividades de tiempo “libre” a temas laborales (por ejemplo con cursos de formación asociados al trabajo).</li>
<li style="text-align: justify;">Suelen trabajar y rendir muy bien con elevada presión. Sin embargo, luego tienen problemas para relajarse.</li>
<li style="text-align: justify;">Se comunican mejor en la empresa, con los compañeros o en temáticas laborales, que con otro tipo de relaciones interpersonales.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Existe mucha investigación y bibliografía respecto a este tema como una problemática de tipo psicosocial, puesto que estamos inmersos en una <strong>sociedad globalizada donde la productividad da a la persona un valor fundamental</strong>. No olvidemos además que gracias a las nuevas tecnologías, tenemos la posibilidad de estar constantemente “conectados”. <strong>Para un adicto al trabajo, tener la opción de tener el correo en el móvil o estar permanentemente localizable, fomenta la fuerza de la adicción</strong>. En los últimos años además, el patrón típico observado en varones, también se está extendiendo a mujeres. Según el “Centro de investigaciones médicas en ansiedad”, podrían establecerse tres categorías de adictos al trabajo</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Controladores:</strong>quizá sea el que marca el estereotipo que tenemos sobre el “ejecutivo agresivo”. Son personas muy independientes y ambiciosos, para ellos el rendimiento laboral es un medio para lograr el éxito y odian perder el control. Son muy exigentes con su desempeño, de modo que cuando descienden en su rendimiento laboral, se vuelven ansiosos e irritables, al ver que no están consiguiendo su meta.</li>
</ul>
<ul style="text-align: justify;">
<li><strong>Complacientes:</strong>se caracterizan por ser menos ambiciosos y  más sociables que los otros adictos. No buscan el éxito o un gran estatus laboral. Esperan la aprobación y refuerzo por parte de los supervisores y de los compañeros. Suelen callar y evitar problemas al tener un carácter tan inhibido, por ello tienen más posibilidades de padecer depresión y ansiedad.</li>
</ul>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Narcisista:</strong>presentarían un problema más grave de personalidad, en situaciones de tensión, puede llegar a síntomas graves de ansiedad como la despersonalización (sensación de no ser uno mismo, de no conocerse a sí mismo) y a la desrealización (sensación de estar fuera de la realidad, de ver y experimentar lo circundante como un sueño). Son muy egocéntricos, creen que merecen mejor posición y valoración en su empresa. No dudarán en pisar a compañeros para cumplir sus metas personales a través del trabajo.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Las <strong>premisas básicas y fundamentales</strong> para trabajar desde el punto de vista de una intervención psicológica ante este tipo de problemas, tal y como señala Fernando Mansilla en “psicología online” son:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Para el 100% de las personas, hay una gran cantidad de actividades con las que disfrutar, no sólo el trabajo.</li>
<li>En las tareas laborales es estrictamente necesario delegar.</li>
<li>La jornada laboral es de ocho horas y debe limitarse a ese tiempo.</li>
<li>El trabajo para realizar en casa debe ser excepcional.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Para abordar la adicción al trabajo, el planteamiento terapéutico es similar al de otro tipo de adicciones sin sustancias, teniendo como objetivo establecer un equilibrio entre el área personal y laboral. En primer lugar, es <strong>necesario una profunda evaluación</strong> de la situación actual de la persona y de su historia de vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde un punto de vista cognitivo-conductual, se puede intervenir con <strong>pautas dirigidas al control de la ansiedad y gestión adecuada del tiempo</strong>, como son:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Reducción paulatina de la jornada laboral.</li>
<li>Programa alternativo de actividades fuera del ámbito laboral para cumplir obligatoriamente.</li>
<li>Exposición y gestión a la ansiedad junto con la limitación del acceso al trabajo online, teléfono, comprobación y recepción de mail…</li>
<li>Priorización de actividades y aprender a delegar.</li>
<li>Afrontamiento de problemas, errores y la elevada autoexigencia.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Si queréis leer más sobre este tema, os recomendamos el siguiente artículo: <a href="http://www.psicologia-online.com/ebooks/riesgos/capitulo6_1.shtml">http://www.psicologia-online.com/ebooks/riesgos/capitulo6_1.shtml</a></p>
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		<title>Los estragos psicológicos del estrés</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 09:35:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>M.José Castelar Ríos (psicóloga) ¿Quién no ha dicho alguna vez: «Estoy muy estresad@»? Si nos detenemos a pensar, ¿conocemos a alguien que no se haya quejado alguna vez de lo estresa@ y agobiad@ que está?  Y es que vivimos en el siglo del estrés. Tenemos multitud de actividades que realizar cada día, de hecho, hemos asumido [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<pre>M.José Castelar Ríos (psicóloga)</pre>
<p>¿Quién no ha dicho alguna vez: «Estoy muy estresad@»?</p>
<p style="text-align: justify;">Si nos detenemos a pensar, ¿conocemos a alguien que no se haya quejado alguna vez de lo estresa@ y agobiad@ que está?  Y es que vivimos en el siglo del estrés. Tenemos multitud de actividades que realizar cada día, de hecho, hemos asumido con total naturalidad que es normal sufrir estrés con el ritmo de vida que nos marcamos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/man-742766_960_720.jpg" target="_blank" rel="attachment noopener wp-att-1802"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1802 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/04/man-742766_960_720-150x150.jpg" alt="man-742766_960_720" width="150" height="150" /></a>Lamentablemente, en los últimos años, el número de personas que sufren estrés se ha incrementado y sus consecuencias se han intensificado debido a la inestabilidad económica y social en la que nos vemos envueltos desde que surgió la  <strong>CRISIS</strong>. Sería prácticamente imposible no sufrirlo cuando te encuentras en una situación de desempleo prolongado, pierdes tu vivienda o las necesidades básicas no pueden ser cubiertas por falta de recursos económicos.<span id="more-1801"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La mayoría de nosotros conocemos el malestar psicológico que conlleva el estar estresado y las consecuencias físicas más inmediatas (contracturas musculares, cefaleas, migrañas o bruxismo). Sin embargo, lo que <strong>multitud de gente no sabe es que el estrés tiene consecuencias mucho más trascendentales  a largo plazo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el estrés  sólo acarrea consecuencias negativas <strong>¿por qué tenemos que padecerlo? ¿no sería más sencillo si simplemente no apareciera? ESO NO ES POSIBLE</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como  otros estados de ánimo,  el estrés también tiene un <strong>papel adaptativo</strong>, contribuyendo a nuestro correcto funcionamiento. Este aparece cuando se dan unas relaciones concretas entre la persona y el afrontamiento de una determinada situación, en donde esta última es valorada por la persona como difícil de abordar por sus propios recursos. Para poder afrontar dicha situación de forma exitosa y disminuir el malestar se ponen en marcha los mecanismos psicológicos y físicos  necesarios, podemos decir que su función es la protección de  nuestra integridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cuándo se vuelve un problema?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando la tensión física y el malestar psicológico no desaparecen o  aparecen muy frecuentemente  por lo que necesitamos realizar un sobreesfuerzo de forma continuada, y para ello se tienen que poner en marcha muchos recursos si se quiere seguir funcionando de forma correcta. Aún así el organismo intenta llevar a cabo procesos de regulación, aunque no siempre son lo suficientemente eficaces.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Enfermedades como la fatiga crónica, la fibromialgia, diabetes tipo 2, úlcera péptica, hipertensión, cardiopatías, síndrome metabólico, obesidad, artritis reumatoide, dermatitis o problemas autoinmunes</strong> son solo algunos <strong>ejemplos de cómo el estrés continuado favorece la aparición de problemas físicos.</strong> Esto ocurre porque  el sistema nervioso, inmune y endocrino están estrechamente conectados y cuando nos enfrentamos a una situación adversa, el organismo entero se pone en marcha para que podemos superarla satisfactoriamente.</p>
<p style="text-align: justify;">De esta forma, el cerebro libera sustancias como la dopamina, serotonina, adrenalina y la acetilcolina que se encargan de obtener energía a partir de nuestras reservas  para que los órganos puedan trabajar adecuadamente ante este sobreesfuerzo, y además hace que disminuya el apetito lo que ayuda a que nos centremos única y exclusivamente en resolver el problema. Asimismo, determinadas estructuras cerebrales (como la hipófisis y el hipotálamo) producen hormonas como la antidiurética (que se encarga de regular los niveles de agua, glucosa y sal en sangre) y la hormona liberadora de corticotropina. Esta última actúa en una zona totalmente distinta al cerebro, las glándulas suprarrenales dando lugar a la liberación de corticoides. Los corticoides también intentan obtener energía, pero esta vez a través del metabolismo de proteínas, grasas e hidratos de carbono; y lo que es más importante, actúan sobre el sistema inmunitario.</p>
<p style="text-align: justify;">En el sistema inmunológico, estas sustancias operan de forma similar a como lo haría un virus u otro agente infeccioso cuando entra en el organismo, desencadenan una respuesta inflamatoria y aumentan los niveles de un tipo de glóbulos blancos (los leucocitos). En resumen, <strong>se despliega todo un arsenal de defensas que nos permite estar en óptimas condiciones para enfrentar la situación</strong>. El <strong>problema surge cuando la respuesta de estrés se prolonga en el tiempo</strong> debido a que el organismo tiene que poner en marcha cada vez más recursos para que el nivel de defensas se mantenga, de forma que  llega un momento en que la persona queda inmunodeprimida temporalmente por agotamiento de nuestro sistema inmunológico. Con un sistema inmunológico debilitado que no nos defiende correctamente, cualquier sustancia perjudicial puede crearnos serias dificultades.</p>
<p style="text-align: justify;">Por si todo esto fuera poco, el estrés facilita que se adquieran estilos de vida poco saludables favoreciendo que aparezcan otras conductas problemáticas. Algunas de ellas suelen ser el consumo de alcohol, de drogas,  la ingesta excesiva de comida o patrones de sueño alterados.</p>
<p>Ante estas evidencias es lógico pensar que es relativamente fácil llegar a desarrollar una enfermedad crónica, pero no hay que olvidar que <strong>tenemos la opción de llevar a cabo un estilo de vida que reduzca los niveles de estrés</strong>. Algunas recomendaciones son:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;">Una alimentación adecuada, que contribuya a la calidad celular y a su correcto funcionamiento. Para ello se aconseja el consumo de frutas, verduras, legumbres y ácidos grasos esenciales.</li>
<li style="text-align: justify;">La práctica de ejercicio físico regular y adecuado a la edad, que fortalece el sistema inmune.</li>
<li style="text-align: justify;">Hacer ejercicios de respiración para que se produzca una correcta oxigenación de los tejidos.</li>
<li style="text-align: justify;">Eliminar hábitos tóxicos como el consumo de tabaco, drogas o alcohol.</li>
<li style="text-align: justify;">Un descanso adecuado y establecimiento de tiempos de ocio que favorezcan la recuperación del organismo.</li>
<li style="text-align: justify;">En el ámbito más psicológico, sería de gran ayuda que cada uno de nosotros desarrollara un buen manejo emocional, estilos de comunicación adecuados, establecimiento de objetivos realistas además de ciertas dosis de optimismo y de flexibilidad.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Por último, es importante tener en cuenta que existen otros muchos elementos que influyen en nuestra respuesta de estrés. Dichas variables son: el contexto familiar, la red de apoyo social, la contaminación ambiental o las condiciones biológicas y hereditarias.</p>
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