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	<title>toma de decisiones archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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	<description>Psicólogo en Granada. Gabinete de psicología clínica (especialidad adultos, infantil y adolescentes) Problemas de ansiedad, depresión, informes psicológicos</description>
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	<title>toma de decisiones archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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		<title>Psicología para andar por casa: La disonancia cognitiva</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2016 10:16:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A lo largo de la historia de la psicología, ha habido experimentos míticos que han marcado un cambio significativo en el la concepción de la complejidad del comportamiento de los seres humanos. El proceso de toma de decisiones, cómo nos comprometemos con determinadas ideas, creencias y cómo actuamos con respecto a ellas implica un procesamiento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A lo largo de la historia de la psicología, ha habido experimentos míticos que han marcado un cambio significativo en el la concepción de la complejidad del comportamiento de los seres humanos. El proceso de toma de decisiones, cómo nos comprometemos con determinadas ideas, creencias y cómo actuamos con respecto a ellas implica un procesamiento superior y muy complejo en el que confluyen variables personales, valores, creencias… y otras de tipo social o cultural como los estereotipos o expectativas respecto a lo que se considera correcto o incorrecto.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/02/descarga-2.jpg" target="_blank" rel="attachment noopener wp-att-1748"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1748" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2016/02/descarga-2-150x150.jpg" alt="descarga (2)" width="172" height="172" /></a> Uno de los hallazgos más interesantes a este respecto proviene de la psicología social a través de la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957), por la cual podemos explicar cómo somos <strong>capaces de flexibilizar nuestras creencias iniciales para justificar o hacer coherentes determinados comportamientos o actitudes que pueden ser molestos o juzgables</strong>. Vayamos por partes para explicarlo mejor.<span id="more-1746"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El <strong>experimento inicial</strong> que dio origen a la investigación de este fenómeno, fue realizado por <strong>Festinger</strong> a finales de los años 50. El experimento consistió en pedir a una serie de sujetos que realizasen una tarea mecánica  durante un buen rato (la tarea había sido elegida por ser totalmente desmotivante). Cuando terminaron se les pidió una valoración personal sobre qué les había parecido la tarea y la respuesta fue unánime: fue muy aburrida. Posteriormente, dividió a los sujetos en tres grupos experimentales. A los sujetos del primer grupo (grupo control) se les dijo que el experimento había concluido y que se podían ir. A los sujetos del segundo grupo, se les pidió un favor: fuera de la sala esperaba una persona que tenía que realizar esa misma tarea pero que no estaba muy convencida, así que les darían 1 dólar si le decían que la tarea era divertida y motivante. Con los del tercer grupo hizo lo mismo, pero en vez de un dólar, se les pagó 20. Realmente al grupo 2 y 3 se les pagó por que dijeran una pequeña mentira y ayudar al experimentador a cambio de una compensación económica y todos aceptaron. Es importante señalar también la condición de que el grupo de 1 dólar sabía que a otro grupo se les pagó 20 por hacer lo mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Al cabo de una semana Festinger llamó a todos los sujetos para preguntarles de nuevo qué les pareció la tarea, los del primer y tercer grupo reafirmaron su anterior respuesta, que la tarea había sido muy aburrida. Sin embargo, sorprendentemente descubrió que los del segundo grupo habían cambiado de opinión y  creían que la tarea fue divertida, modificando así su valoración inicial. Este es el efecto que se conoce como reducción de la disonancia: para justificar una mentira por un dólar los sujetos de convencen realmente de que la tarea no fue tan aburrida. La explicación de por qué en el tercer grupo no se produjo el efecto de disonancia cognitiva, es que al haber recibido una cantidad bastante mayor (20 dólares de la época), tenían un argumento que justificaba el haber mentido, por lo cual no debieron modificar su percepción del experimento. El grupo de un dólar no tenía una cantidad económica suficiente como argumento. De algún modo, se habían “vendido” por apenas 1 euro.  Como resultado, debieron modificar sus percepciones del experimento y comenzar a considerarlo divertido para sentirse mejor y reducir la disonancia entre lo que pensaban y cómo actuaron.</p>
<p style="text-align: justify;">La disonancia cognitiva muestra la<strong> incomodidad o tensión que percibimos cuando mantenemos ideas contradictorias que entran en conflicto con nuestras acciones</strong>. La única manera de reducir el malestar generado por este choque es cambiar las creencias. Todos los días nos enfrentamos a ejemplos en los que entramos en disonancia.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Pongamos algunos ejemplos cotidianos</span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; <span style="text-decoration: underline;">Tenemos un objetivo claro y definido: “quiero perder peso”</span>. Las conductas coherentes que cualquier persona puede desarrollar para alcanzar este objetivo serían por ejemplo: no comer chucherías y salir a correr. Pero habrá días en que comeremos dulces y no saldremos a correr, de modo que nos comportamos de modo incoherente con nuestras ideas generándonos un pequeño malestar (disonancia entre lo que hemos pensado y lo que hemos hecho). El modo de ajustarnos y reducir este malestar es relajar el objetivo inicial para reducir la disonancia: “por un día no pasa nada”, “es mejor perder peso poco a poco”.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<span style="text-decoration: underline;">“Voy a salir a ver escaparates, pero no voy a comprarme nada”.</span> Sin embargo, es fácil picar y acabamos volviendo a casa con una camiseta. Para reducir la disonancia buscaremos argumentos a favor de nuestro comportamiento, tales como: “es que estaba en rebajas, además me queda muy bien y me hace falta ropa nueva para verano”.</p>
<p style="text-align: justify;">Digamos que de alguna manera, buscamos justificaciones para nuestros comportamientos una vez que hemos actuado para poder sentirnos mejor. No nos esforzamos tanto en pararnos a pensar lo que vamos a hacer, pero si nos esforzamos mucho en generar ideas para explicar estos comportamientos. Este proceso es automático e inconsciente la mayoría de las veces y es que al producirse una incongruencia, <strong>nos vemos motivados para generar ideas y creencias nuevas y poder reducir la tensión, hasta conseguir que el conjunto de ideas y actitudes encajen entre sí</strong>, constituyendo una cierta coherencia interna que nos equilibra.</p>
<p style="text-align: justify;">Si nos llevamos este efecto a circunstancias personales y sociales, se puede llegar a entender cómo determinadas personas pueden justificarse ante actos violentos, crímenes y decisiones injustas o poco éticas. De modo más cotidiano, todos caemos en profundas contradicciones, como por ejemplo: permanecer en un trabajo en el que estamos explotamos, continuar  con una pareja que con la que no estamos felices, votar a un partido de ideología contraria al que votamos en el pasado… Pero podemos llegar a detectar cuáles son los argumentos en los que sostenemos la incoherencia para poder sentirnos bien.  A este respecto y en términos generales, lo interesante  es que la reducción de la disonancia es un proceso adaptativo al permitirnos equilibrarnos pero, es aún más interesante <strong>ser conscientes de los pequeños “autoengaños” del día a día</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El fenómeno de la indefensión aprendida: para qué esforzarse si todo acabará saliendo mal</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2015 08:21:23 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La indefensión aprendida es un efecto muy bien estudiado en psicología que explica cómo a través de las experiencias negativas e incontrolables de nuestra historia personal, podemos aprender a no defendernos o terminar siendo personas excesivamente pasivas, cuando es necesario activarse y hay opciones para actuar para mejorar nuestra situación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/06/images-2.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-989 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/06/images-2-150x150.jpg" alt="images (2)" width="210" height="210" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los estudios originales de este fenómeno corresponden a <em>Overmaier y Seligman (1967)</em>, realizados con perros a los que sometían a shocks eléctricos inesperados, incontrolables e independientes de su conducta, sin posibilidad de escapar de los mismos. Posteriormente, observaron que estos animales no eran capaces de escapar de las descargas en una situación diferente, dónde sí era posible evitarlos y huir. Encontraron de este modo, que se produce un bloqueo de la respuesta de escape, defensa y evitación del dolor que debería darse de modo natural, debido a la incontrolabilidad de los shocks originales. De algún modo, podemos decir que aprendieron a que, hicieran lo que hicieran, recibirían el castigo de las descargas, sintiéndose así continuamente indefensos e incapaces de escapar.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este fenómeno puede ayudarnos comprender mejor el proceso en  humanos, por el cual algunas personas son incapaces de reaccionar ante situaciones dolorosas o muy negativas, a pesar de tener opciones de mejora o a pesar de que sus circunstancias sean favorables para este cambio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La indefensión, está directamente relacionada con acontecimientos o eventos desagradables por los que la persona ha pasado a lo largo de su vida y que han sido o ha percibido como incontrolables. De este modo, se establece un aprendizaje con una base emocional muy fuerte, por el cual todas las situaciones dolorosas o negativas que le sobrevienen y sus consecuencias, son independientes de su comportamiento o de las decisiones que tome (circunstancias adversas en la infancia , abusos, accidentes, maltrato, fallecimientos repentinos de seres queridos…), quedando  la sensación de que la ocurrencia de determinados eventos son inevitables y ante los cuales no hay margen de acción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-981"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo peligroso del estado generado por la indefensión en las personas es que, cuando tienen que actuar o tomar decisiones importantes en su vida para evitar una situación adversa o sus consecuencias, por ejemplo, dejar una relación en la que está siendo maltratado o  imponer límites a un abuso, la interpretación es que no puede hacer nada por cambiar su situación. Este bloqueo en la acción se basa en la idea de que su conducta no tendrá efectos sobre el estado en el que se encuentra.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La indefensión aprendida provoca unos síntomas claramente asociados con la depresión clínica, tales como: sentir que está siendo castigado, inmovilismo, desmotivación generalizada, incapacidad para tomar decisiones…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ejemplo, se observa fácilmente, como la disminución de actividades voluntarias que define la indefensión aprendida caracteriza también a los estados de ánimo depresivos, produciendo pasividad, así como enlentecimiento motor y cognitivo. Así mismo, a modo de funcionamiento físico y funcional es frecuente alteraciones del sueño, del apetito y pérdida del interés por el sexo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las personas deprimidas e indefensas se valoran a sí mismas como mucho más ineficaces de lo que realmente son. La depresión asociada con una indefensión inducida por acontecimientos incontrolables, se basa en una disposición cognitiva negativa (pensamientos negativos) consistente en la creencia de que el éxito y el fracaso son independientes de los propios esfuerzos, actuaciones o decisiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como todo aprendizaje, si la indefensión no se refuerza, pierde poder con el paso del tiempo. El tiempo juega un papel importante en la depresión cuando ha tenido una causa concreta de origen externo. Por ejemplo, la muerte de un ser querido desencadena un estado depresivo propio del duelo que puede durar meses, o incluso años, pero normalmente con el paso del tiempo, tiende a remitir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><br />
¿Cómo podemos vencer la indefensión? Si es un fenómeno generado por aprendizaje, ¿podemos desaprender de algún modo este efecto? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte de la ruptura de este aprendizaje, dependerá de la activación conductual que realice la persona y la flexibilización de su actitud ante la atribución de causalidad y control de sus propias acciones y decisiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Será importante comenzar a iniciar actividades, primero las obligatorias y luego las voluntarias, independientemente de las ganas y de la motivación, con el objetivo de romper la inercia del inmovilismo. De un modo consciente la persona decide actuar buscando refuerzos novedosos o intentando recuperar los anteriores, teniendo como herramienta su propio comportamiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Es necesario hacer un balance en el que la persona busque momentos, situaciones o decisiones de su vida que sirvan como ejemplos para establecer causa-efecto de su conducta y consecuencias positivas. Por ejemplo, decidió estudiar una carrera universitaria, se implicó en los resultados académicos y ahora tiene un puesto de trabajo asociado a esta formación.</span></p>
<p style="text-align: right;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Trabajar las atribuciones y pensamientos que tienden a anticipar consecuencias negativas y muy distorsionadas, por ejemplo, el que haya habido situaciones incontrolables y desagradables en el pasado no quiere decir que todas lo sean en un futuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-El fracaso se interpreta en función de que unas acciones concretas que no generaron unos resultados esperados. Podemos pensar en que no sólo hay una forma de proceder y no sólo hay unos resultados posibles. Hay muchos factores que influyen en las consecuencias finales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-No dejar de intentar obtener logros, estando pendiente de reforzar los buenos resultados para poder minimizar mejor los “fracasos” o resultados inesperados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Aceptar que no tenemos control sobre muchas cosas que nos ocurren pero no por eso debemos dejar de ser responsables con las cosas que sí dependen de nosotros, lo importante seria aprender a discernirlas para no frustrarse con las primeras poder implicarse con las segundas.</span></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com/2015/06/23/el-fenomeno-de-la-indefension-aprendida-para-que-esforzarse-si-todo-acabara-saliendo-mal/">El fenómeno de la indefensión aprendida: para qué esforzarse si todo acabará saliendo mal</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://alarconpsicologos.com">  Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online </a>.</p>
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