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	<title>miedo archivos | Psicólogo en Granada. Psicoterapia presencial y online</title>
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	<description>Psicólogo en Granada. Gabinete de psicología clínica (especialidad adultos, infantil y adolescentes) Problemas de ansiedad, depresión, informes psicológicos</description>
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		<title>Sentirse mal para ser feliz</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Nov 2015 10:48:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>TANIA MARTÍNEZ MONTERO (psicóloga) “No te pongas así”  “No llores”  “No puedes ponerte triste por eso” ¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes y nos han dicho “No estés así”? Muchas veces sentimos tristeza y tratamos de negarnos a ella radicalmente, sobretodo porque nos lleva a pensar que sintiéndonos, así no seremos felices. Pero, ¿qué función tiene la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<pre style="text-align: left;"><strong><em>TANIA MARTÍNEZ MONTERO (psicóloga)</em></strong></pre>
<p>“No te pongas así”  “No llores”  “No puedes ponerte triste por eso”</p>
<p>¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes y nos han dicho “No estés así”?</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/11/descarga1.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1373 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/11/descarga1-150x150.jpg" alt="descarga" width="169" height="169" /></a>Muchas veces sentimos tristeza y tratamos de negarnos a ella radicalmente, sobretodo porque nos lleva a pensar que sintiéndonos, así no seremos felices. Pero, <strong><span style="color: #000000;">¿qué función tiene la tristeza? ¿Por qué y para qué se sienten las personas tristes?</span></strong> Hoy queremos hacer una reflexión sobre qué significa sentirnos tristes a veces y porqué algo, que vivimos como negativo, puede ser muy positivo.</p>
<p style="text-align: justify;">La <strong>tristeza</strong> es, como bien sabemos, una emoción de valencia negativa. Esto no tiene porqué significar que sea malo sentirla, pues como el resto de emociones básicas (alegría, ira, aversión, sorpresa y miedo) tiene una función adaptativa y, en cierta medida, es bueno darle cabida en nuestras vidas. Las emociones nos motivan para actuar e ir respondiendo a las diversas situaciones a las que nos enfrentamos día a día. La función adaptativa que tienen cada una de las emociones son:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Alegría:</strong> nos ayuda a continuar reproduciendo una conducta o acción y seguir acercándonos a aquello que nos resulta beneficioso.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Ira:</strong> nos induce hacia la destrucción de aquello que no nos hace bien.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Aversión (asco)</strong>: nos produce rechazo frente a lo que tenemos delante alejándonos de aquello que nos puede hacer daño.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Sorpresa</strong>: nos ayuda a reorientarnos frente a una situación nueva.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Miedo</strong>: cumple una función protectora, nos permite ser cautelosos y no aventurarnos a lo desconocido.</li>
</ul>
<p><span id="more-1363"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La tristeza <strong>nos motiva hacia una nueva reintegración personal</strong> y es la responsable de que en determinados momentos exista una mayor cohesión con otras personas, especialmente con aquellos que se encuentran o se han encontrado en la misma situación. Cuando nos sentimos tristes disminuimos el ritmo de actividad y valoramos otros aspectos de la vida, que antes de tener este sentimiento, no se les prestaba la misma atención. Esto nos lleva a comunicar a los demás que no nos encontramos bien y con ello abrimos la posibilidad de recibir la ayuda de otras personas cuando la necesitamos, así como el apaciguamiento de reacciones agresivas por parte de los demás. La tristeza fomenta que nos traten con empatía y tengan comportamientos altruistas hacia nosotros. En definitiva, <strong>nos permite bajar el ritmo cuando algo no anda bien, revisar lo que ocurre teniendo en cuenta otras cosas y pedir ayuda, espacio y tiempo cuando así lo necesitamos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Reconocer que nos sentimos tristes por algo que nos está ocurriendo, darnos permiso para sentirlo y asumir que esto es parte de nosotros y de la vida tanto como lo es la alegría, hará que igual que el resto de emociones, una vez cumplida su función, desaparezca así como llegó. Por tanto, la clave está en vivirla, entenderla y no en luchar contra ella. <strong>La aceptación, manejo y entendimiento de esta y el resto de emociones es lo que se conoce como “Inteligencia Emocional”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué ocurre cuando luchamos contra la tristeza?</strong> Cuando esta emoción aparece y  luchamos contra ella sin dejar que ejerza su función de manera adecuada vienen los problemas. Podemos sentirnos frustrados e incomprendidos, lo que agravará nuestro estado emocional. Incluso si no se reconoce y maneja de forma adecuada pueden aparecer conductas no deseadas y desadaptativas. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en los niños pues cuando sufren un estado depresivo suelen reflejarse conductas agresivas (o violentas) como fruto del desconocimiento del manejo y significado de sus propias emociones. Pixar ha representado esto de manera muy fidedigna en la película “Inside out” (Al revés). A lo largo de todo el film podemos ver esa lucha constante entre alegría y tristeza, las consecuencias que derivan de ella y finalmente lo productivo de darle cabida a “Tristeza” como una más.</p>
<p>Se han realizado estudios de investigación que demuestran los <strong>beneficios a nivel cognitivo, motivacional e interpersonal de la tristeza</strong>. En concreto Joseph P. Forgas exponía en uno de sus estudios que los beneficios son los siguientes:</p>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><strong>Mejora de la memoria</strong>: tras analizar a diferentes grupos de personas, aquellas que estaban tristes tenían una mayor recepción y retención de los que sucede a su alrededor, mientras que las personas felices, las cuales se “dejaban llevar”, tenía menos capacidad de atención.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Juicios racionales</strong>: tomar decisiones estando alegres es dejarse llevar por la euforia, mientras que las personas que se sienten tristes se sumen en un estado analítico más profundo, llevando esto a razonar de formar más menos impulsiva y lógica, en contra de lo esperable.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Reducción de la credulidad</strong>: las personas en bajo estado de ánimo son más escépticas en muchos aspectos como no caer en creencia de mitos, tópicos o ser más sensibles frente a alguien sincero.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Reducción de los estereotipos</strong>: la felicidad refuerza los estereotipos frente a las personas que se sienten tristes, las cuales recapacitan más sobre sus actos e incluso no se dejan llevar por sus propios prejuicios.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Beneficios para la motivación</strong>: las personas tristes son más persistentes ante las tareas difíciles y tienen a rendirse con menos facilidad. Sin embargo, las personas que están de buen humor tienden a abandonar fácilmente y a frustrarse como consecuencia.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Incremento de la cortesía</strong>: un estado de ánimo bajo en momento puntuales nos lleva a una tendencia a la cortesía siendo más proclives a pedir cualquier cosa con educación, mientras que las personas alegres no piensan tanto en su exterior y el efecto que puede provocar.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Sentimiento de justicia</strong>: este estudio también demostró que las personas tristes se comportan de manera más justa, racional y generosa a la hora de realizar una oferta, mientras que las personas alegres no.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, podemos concretar que no hay emociones malas o emociones buenas, sino un abanico emocional que aceptado y comprendido nos ayuda y nos guía hacia una personalidad estable así como a una vida plena. Pues <strong>más vale una sonrisa triste que la tristeza de no poder sonreir</strong>.</p>
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		<title>El arte de vivir avergonzado</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2015 10:33:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La fobia social es un problema de ansiedad. Consiste en un miedo muy intenso a ser juzgado por los demás y a sentir vergüenza en diferentes contextos sociales. Todos nosotros en algún momento, hemos pasado por una situación o acontecimiento en el que hemos estado nerviosos al conocer a gente nueva o al tener que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/09/descarga.jpg"><img loading="lazy" class=" wp-image-1227 alignleft" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/09/descarga-300x300.jpg" alt="descarga" width="196" height="196" /></a>La fobia social es un problema de ansiedad. Consiste en un <strong>miedo muy intenso a ser juzgado por los demás y a sentir vergüenza en diferentes contextos sociales</strong>. Todos nosotros en algún momento, hemos pasado por una situación o acontecimiento en el que hemos estado nerviosos al conocer a gente nueva o al tener que hablar en público. Sin embargo, para algunas personas, este miedo puede ser tan potente que llega a ser incapacitante, impidiéndole ir al trabajo o llevar a cabo actividades cotidianas, teniendo una importante consecuencia a nivel de malestar psicológico y especialmente en el autoconcepto.</p>
<p style="text-align: justify;">Las personas que experimentan altos niveles de ansiedad social se preocupan especialmente por contextos novedosos, en los que se ve expuesto a relacionarse con personas que no pertenecen a su ámbito familiar o íntimo y donde <strong>perciben e interpretan que pueden estar siendo evaluados o juzgados según su comportamiento</strong>. En lugares conocidos o con personas de su confianza, suelen estar más tranquilos, seguros y disfrutar de las relaciones sociales, de hecho, anhelan poder relacionarse mejor y sufren al verse inhábiles a la hora de comunicarse con los demás.<br />
<span id="more-1225"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso</strong>. La  idea de poder ser juzgados o de que puedan pensar mal de ellos, hace que se activen reacciones muy potentes de ansiedad física (rubor, sudor, temblores, tartamudez), confirmando así el temor del sujeto de que se note públicamente su malestar. Pueden rumiar, imaginarse y anticipar estas situaciones o cómo se comportarán, semanas antes de que éstas ocurran</p>
<p style="text-align: justify;">Una persona con ansiedad social <strong>es consciente de que sus reacciones son excesivas e irracionales y saben que no les ocurrirá nada</strong> de vida o muerte, sin embargo, la exposición a las situaciones sociales temidas provoca una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de ansiedad relacionada con un contexto específico. Por ello es muy habitual que la persona quiera <strong>evitar las situaciones sociales o actuaciones en público.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una de las formas más importantes sería la ansiedad o fobia social<strong> “generalizada”, </strong>cuando los temores hacen referencia a la mayoría de las situaciones sociales. Estaríamos hablando de que la persona tiene ansiedad ante situaciones tan cotidianas como usar un aseo público, comer o beber delante de otras personas, hacer compras, pedir citas, iniciar conversaciones con desconocidos…</p>
<p style="text-align: justify;">La fobia social <strong>“específica”</strong> es mucho más frecuente, al darse en contextos más concretos y más fáciles de evitar, ya que nos referiríamos a una sola situación problemática como sería leer en alto, hablar en público, dar un discurso, devolver un artículo defectuoso en una tienda…situaciones que a mucha gente les cuesta afrontar por el sentido de vergüenza y miedo al ridículo, pero que tiene a la base una falta de asertividad que no afecta a todas las áreas de la persona, ni a su funcionamiento general.</p>
<p style="text-align: justify;">El <strong>patrón de pensamiento</strong> que se va instaurando en la persona a lo largo de sus interacciones sociales es muy <strong>egocentrista</strong>, porque creen ilusoriamente, que todo el mundo está pendiente de ellos, que le están mirando, que hablarán de él y que darán una extrema importancia a cualquier error social que cometa. Se preocupan mucho por conseguir la aprobación de los demás y caerles bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos hemos cometido errores sociales sin importancia: olvidar el nombre de la persona que nos acaban de presentar, derramar un vaso, atascarnos al hablar, no contestar adecuadamente a preguntas… la diferencia está en <strong>cómo se interprete este hecho</strong>. Ante momentos como éste, una persona con estos esquemas mentales, tiende a ser muy destructivo consigo mismo, atribuyendo de modo automático, que los demás le criticarán y serán igual de injustos como lo es él al juzgarse tan negativamente.</p>
<p style="text-align: justify;">La fobia social comienza a gestarse en la infancia, donde pueden observarse fuertes rasgos de timidez, miedo a interaccionar con adultos u otros niños, siendo frecuente que les cueste hacer amigos y se sientan aislados. El origen de la ansiedad social hay que buscarlo teniendo en cuenta varios factores de diferente índole. A veces hay rasgos de personalidad que contribuyen a mantener este patrón de comportamiento (el más evidente sería un rasgo de introversión muy marcado) pero al tener un componente ansioso tan claro, es habitual detectar un <strong>aprendizaje en el que el miedo ha condicionado estas situaciones</strong>. Así mismo, es muy lógico encontrar que la persona a lo largo de su vida <strong>no haya podido desarrollar unas habilidades sociales</strong> adecuadas desde la infancia y esto haya contribuido a no sentirse cómodo y seguro en contextos sociales.</p>
<p style="text-align: justify;">Las personas que tienen este tipo de problemas sociales sufren porque quieren relacionarse mejor y disfrutan de la gente cuando están en un contexto seguro y sienten que controlan la situación. No huyen de la gente porque no les guste estar con ellos, sino que temen hacer el ridículo y les puede ese sentimiento de vergüenza. Es muy común que este tipo de personas se aíslen mucho fuera de su entorno íntimo y que sufren elevados niveles de depresión, ansiedad y baja autoestima.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo podemos ayudar a una persona que tenga este problema?</strong> La psicoterapia que sigue una linea cognitivo-conductual es especialmente útil para tratar la ansiedad social. Comunicarse no es algo tan sencillo como pueda parecer y se pueden <strong>aprender todas las habilidades sociales</strong>. Con una intervención psicológica adecuada, se enseña a la persona diferentes maneras de pensar, comportarse y reaccionar a distintas situaciones, con el objetivo de ayudarle a sentirse menos ansioso o temeroso y sobre todo, a que no evite afrontar situaciones sociales. También puede aprender y a practicar cómo desenvolverse socialmente a través de programas de habilidades sociales y asertividad, diseñados especialmente para estos casos en los que es necesaria mucha práctica.</p>
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		<title>Sufro ataques de ansiedad</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Sep 2015 09:44:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Los ataques de ansiedad o ataques de pánico son algunos de los problemas psicológicos que protagonizan la historia de muchos pacientes que acuden a nuestra consulta. Durante el rato que dura ese ataque de ansiedad, los pacientes describen síntomas como taquicardia, dolor en el pecho, ahogo, respiración rápida y entrecortada, sensación de asfixia, sudoración, hormigueo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los <strong>ataques de ansiedad o ataques de pánico</strong> son algunos de los problemas psicológicos que protagonizan la historia de muchos pacientes que acuden a nuestra consulta.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/09/images1.jpg" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-1188 size-thumbnail" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/09/images1-150x150.jpg" alt="images" width="150" height="150" /></a>Durante el rato que dura ese ataque de ansiedad, los pacientes describen síntomas como taquicardia, dolor en el pecho, ahogo, respiración rápida y entrecortada, sensación de asfixia, sudoración, hormigueo o entumecimiento, nauseas, sensación de irrealidad, despersonalización (estar separado de uno mismo), miedo a morir, miedo a perder la razón, a volverse loco…<span id="more-1187"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La <strong>duración</strong> de un ataque de ansiedad es breve, se establece que la máxima intensidad en la vivencia de los síntomas se da a los 5-10 minutos del inicio de la sintomatología y a continuación va decayendo en intensidad conforme va pasando el tiempo. Una de las explicaciones del carácter temporal y limitado del ataque de pánico estriba en que la respuesta de ansiedad está <strong>acotada en el tiempo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto quiere decir que nadie puede vivenciar un ataque de ansiedad durante muchos minutos más por el carácter limitado en el tiempo de la propia respuesta fisiológica de la ansiedad. Igualmente sí puede generase posteriormente al ataque de pánico sintomatología relacionada con malestar, cansancio extremo, desorientación, enlentecimiento motor pero ya no como parte de la subida  de ansiedad en sí, más bien serían como las consecuencias de dicho vendaval de sensaciones experimentadas durante el ese espacio de tiempo previo.</p>
<p>Una de las circunstancias que generan más desasosiego en pacientes con este problema es el carácter repentino de su presencia y de cómo las manifestaciones de ansiedad extrema <strong>llegan sin avisar</strong> y sin que muchas  veces medie ningún evento o vivencia intermedia con la que justificar esa sintomatología tan desagradable.</p>
<p><strong>¿Cómo funciona un ataque de pánico?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una crisis de ansiedad empieza con una situación o un pensamiento determinado (que el paciente puede no identificar) que provoca pensamientos que producen temor, y a su vez se genera activación física (aumento del ritmo cardíaco, hiperventilación…).</p>
<p style="text-align: justify;">Todo ello aumenta la preocupación y el miedo generado, lo que provoca un aumento de las sensaciones físicas desagradables y desemboca en <strong>una sensación subjetiva de terror incontrolable y de que algo horrible puede ocurrir</strong>.</p>
<p><strong>¿Son peligrosos los ataques de pánico o de ansiedad? </strong></p>
<p>La respuesta es <strong>NO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Aunque la vivencia subjetiva de estar sufriendo un ataque de ansiedad es muy desagradable, por sí mismo, no genera más problemas que el de “pasar un mal rato”. Un periodo de tiempo que <strong>cuenta con un inicio y un final</strong>. Todos a lo largo de nuestra vida podríamos sufrir un ataque de ansiedad y eso no nos convierte en carne de cañón para psicólogos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuándo conviene pedir ayuda entonces?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El problema principal es cuando dichos ataques se vuelven <strong>frecuentes</strong>, o se dan no de forma frecuente pero sí ante una <strong>misma situación concreta</strong> (alguna actividad en concreto, ir a algún lugar determinado). Otro de los indicadores de gravedad o de necesidad de recibir ayuda profesional sería si el haber sufrido dichos ataques de ansiedad hace que dejemos de hacer cosas o tendamos a evitar situaciones que pueden aumentar nuestro nivel de ansiedad. Es ante este tipo de circunstancias cuando la persona que los sufre sí requiere tratamiento psicológico.</p>
<p><strong>¿Qué se trabaja desde el tratamiento psicológico?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El abordaje que ha demostrado ser útil a nivel terapéutico sería el tratamiento psicológico desde la perspectiva cognitivo conductual. Con pacientes con esta sintomatología trabajamos ayudando a la persona a reconocer los antecedentes asociados a la crisis de ansiedad, facilitándole la comprensión sobre cómo funcionan las respuesta de ansiedad en nuestro organismo y aportando herramientas al paciente para el control de sus síntomas.</p>
<p style="text-align: justify;">Para concluir, es bueno comentar que por las características del problema en sí, las sesiones de evaluación e intervención psicológica haciendo uso del marco cognitivo conductual suelen estar muy acotadas y estructuradas. Esto permite al paciente observar cambios y <strong>mejoría de forma bastante rápida</strong> siempre y cuando se sigan las indicaciones marcadas desde consulta.</p>
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		<title>Estrés, ansiedad y miedo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2015 12:40:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p> Si no tuvieras miedo ¿Qué harías? Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, aunque cambiando sus características y procedimientos, venimos experimentando la presencia del desagradable fenómeno del “terrorismo”. Y es que lejos de connotaciones políticas en las que no es nuestro objetivo entrar, este uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, también [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/01/MIEDO-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-305" src="http://alarconpsicologos.com/wp-content/uploads/2015/01/MIEDO-3-300x300.jpg" alt="MIEDO-3" width="300" height="300" /></a></p>
<blockquote><p><em><strong> Si no tuvieras miedo ¿Qué harías?</strong></em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por desgracia, hace ya bastante tiempo que, aunque cambiando sus características y procedimientos, venimos experimentando la presencia del desagradable fenómeno del “terrorismo”. Y es que lejos de connotaciones políticas en las que no es nuestro objetivo entrar, este uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, también tiene unas repercusiones sobre nuestros propios estados emocionales. No es de extrañar, que en algunas situaciones nos hayamos descubierto mirando debajo de nuestro coche, desconfiando de una mochila tirada en una acera, o mirando de reojo y con cierto recelo a alguien que viaja a nuestro lado en el avión. Este tipo de conductas suspicaces, se arraigan bajo el estado del miedo, es por ello que hablamos del terror como  la máxima expresión del miedo.</p>
<p><span id="more-596"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Tiene su explicación. La palabra terror proviene del latín “terroris” sinónimo de “<em>Deimos</em>”, y es que casualmente en la antigua Grecia, Ares, el Dios de la Guerra, tenía dos hijos: Phobos y Deimos (Miedo y Terror). Curioso cuanto menos.</p>
<p style="text-align: justify;">Aclarada esta relación directa entre miedo y terror, ¿sabríamos ir más allá? ¿diferenciar entre el miedo, el estrés o la ansiedad? ¿O estamos hablando de lo mismo?</p>
<p style="text-align: justify;">Queríamos aprovechar esta actual coyuntura, para aclarar la diferencia entre estos tres conceptos que de forma generalizada se han venido utilizando de forma afín.</p>
<p><strong>ESTRÉS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hablamos de estrés como una respuesta adaptativa y fundamental del organismo para la supervivencia. Se trata de una respuesta que se produce ante las demandas del medio, la persona calibra sus recursos para enfrentarse a ellas y es por ello que se activa. Se trata de una relación entre la persona y su entorno, de modo que cualquier cambio o adaptación puede producirnos estrés: ser padres, adaptarnos a un nuevo trabajo, irnos a vivir con nuestra pareja o experimentar un divorcio.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos síntomas propios del estrés pueden ser el aumento de la frecuencia cardiaca, respiración acelerada, sudoración, boca seca, temblores…</p>
<p style="text-align: justify;">Desde un enfoque biopsicosocial se postula que la ausencia de recursos para enfrentarnos a las demandas que el medio nos va poniendo, puede dar lugar a enfermedades cardiovasculares, hipertensión, jaquecas… No es de extrañar que tras periodos de intenso estrés “<em>nos pongamos malos</em>”, no es más que un intento por recuperar la homeostasis o el equilibrio perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Esto implica que el estrés es malo? No tiene por qué. El estrés en su justa medida nos activa y nos puede permitir mejorar nuestra ejecución y concentración. Si este es excesivo nos vamos a….</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>ANSIEDAD</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Al igual que el estrés, forma parte de la existencia humana. Todos experimentamos cierto grado de la misma. Es una emoción complicada y desagradable que se manifiesta a través de síntomas físicos y mentales, en forma de crisis o de estados persistentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Psicofisiológicamente se trata de una activación del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) que regula importantes funciones vitales. Aparece inquietud, fatiga, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad… Esta función de activación nos prepara para actuar, es adaptativa y nos ayuda a sobrevivir, el problema viene cuando la respuesta de ansiedad aparece sin estar aparentemente relacionada con un peligro externo o una situación difícil.</p>
<p style="text-align: justify;">Es por ello que hablamos de la ansiedad como una emoción perturbadora basada en la anticipación de peligros futuros que no se pueden definir o predecir. Se trata de una respuesta ante una situación que no está sucediendo ahora mismo, y la clave está en la interpretación de las horribles consecuencias de esa supuesta situación.</p>
<p style="text-align: justify;">Y esta última definición es la que nos lleva a diferenciarla del…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MIEDO</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Y es que el miedo al igual que la ansiedad es una emoción perturbadora, sin embargo, este se manifiesta ante la presencia de estímulos considerados peligrosos (no ante la anticipación de la futura presencia de los mismos como pasaría en la ansiedad).</p>
<p style="text-align: justify;">Si estamos en el campo y vemos una mata moverse, automáticamente sentimos miedo, nos activamos porque pensamos que puede ser algún animal ante el cual quedaríamos en seria desventaja. Producto de ese miedo, decidimos huir.</p>
<p style="text-align: justify;">El miedo tiene como objetivo alertarte, así como alentarte a tomar medidas ante la situación considerada como peligrosa, por ejemplo acercarte, huir o pedir ayuda.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En definitiva, aunque muy parecidos, se trata de fenómenos diferentes ante los que habremos de comportarnos de forma distinta.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Esperamos haber aclarado algunas dudas. Os animamos a emitir vuestros comentarios</p>
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